Es tiempo de Navidad: Memoria de las tradiciones y costumbres laguneras «La Misa del Gallo» y Juan Primo de la Guerra (y III) . Por Julio Torres Santos

En la quietud de la noche del 24 de diciembre de 1801, bajo la luz tenue de la luna creciente, los vecinos de San Cristóbal de La Laguna avanzan lentamente por las calles empedradas, iluminando su camino con candiles y faroles. Es Nochebuena, y el sonido apagado de pasos y murmullos reverentes anuncia la celebración de la Misa del Gallo en el convento de las Monjas Claras. Recreación de Julio Torres Santos
Juan Primo de la Guerra, el 30 de diciembre de 1801 escribía en su “Diario”: “Llegué a casa el 24 (…)Fui con mis hermanas a gozar los maitines en las monjas Claras y se salió de la misa cerca de la una. En las parroquias y en San Agustín había nacimientos” .
En la Misa del Gallo se representaba un auto sacramental y también se cantaban villancicos, llamados “arrullo” en Taganana. Durante la liturgia sonaban dentro del templo guitarras, timples, flautas, tambores, pitos de agua, panderos y triángulos. Como colofón tenía lugar el Baile del Niño : jóvenes vestidos de pastores y trajes típicos bailaban delante del recién nacido, con procesión alrededor de las naves de la iglesia, el tajaraste, con movimientos rítmicos, al compás de tambores, castañuelas, esquilas, panderos y, en algunas zonas, flautas.

La costumbre de cantar villancicos durante la Misa del Gallo fue propia de todo el término municipal. Juan Primo de la Guerra recoge que también era costumbre entonarlos en Tejina, en 1804 : “He estado anoche en Tejina (…) donde oí la misa en la parroquia, allí concurrieron los vecinos del lugar y entre los cánticos y oficios divinos, se mezclaron algunas coplas acompañadas de guitarra. Había también por las calles algunos cantadores de panderos”. Con esta última frase se está haciendo referencia a los grupos que, posteriormente, derivarían en las famosas “tandas” de Tejina, de las que hablaremos más adelante.
En 1803, Juan Primo de la Guerra hace referencia al Baile del Niño que tuvo lugar el domingo 25 en el convento de las Claras : “Estuve con mis hermanas a la misa en las monjas Claras, quienes omitieron este año el vestuario de pastoras y la algazara con que en tal noche acostumbraban salir al coro algunas de las mozas de aquel monasterio”. Las mozas a las que se refiere Juan Primo, eran, como recoge Núñez de la Peña, las criadas que ingresaban en el convento con sus amas.
En 1809 se prohibieron los autos sacramentales y el Baile del Niño en las misas del gallo de la iglesia de la Concepción. Así, Juan Primo relata que “en la parroquia de la Concepción de La Laguna se ha celebrado la noche de Pascua sustituyendo las representaciones y danzas de pastores, que en otro tiempo se permitían en la iglesia en esta función, otro recreo no menos alegre que extraordinario. Dos o tres damas de aquel pueblo, hijas del marqués de Casahermosa y una hija del capitán don Juan Tavares, subieron a las tribunas del coro y en los intermedios de los oficios de la iglesia cantaron algunas arias o canciones”.
Después de la misa tenía lugar la cena de Nochebuena. El plato principal del menú era la cazuela de gallina (con o sin fideos), conocida como “el pavo de los pobres” y los pasteles de carne de cerdo. El pescado estaba prohibido esa noche. Como postre se solían servir pasteles (chocolates, confituras, alsacianos), tortas (de castaña, de manzana, almendrados con pasas o chocolate), buñuelos (de viento, manzana, plátano,…) y ñames salpicados con azúcar o mojados en miel de abeja. También formaban parte de la repostería tradicional las truchas de batata o de cabello de ángel, quesos de almendra y roscos. En cualquier caso, el consumo de los postres se hacía acompañado de un licor propio de las recién paridas y de la Navidad: la mistela o licor de naranja .
Actualmente, la Misa del Gallo continua celebrándose en todas las parroquias del país, pero, con el formato que hemos descrito, únicamente pervive en Taganana, La Matanza, El Sauzal, Tejina y en la iglesia de la Concepción en La Laguna.
