El mes de los libros lo celebramos con autores canarios: Agustina González y Romero «La Perejila»

Barranco del Guiniguada y Puente de Piedra de Carl Norman. Las Palmas de Gran Canaria 1893.
Agustina González y Romero, ‘La Perejila’, nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1820. Se le conoce con el nombre de «La Perejila», que era su pseudónimo. Fue integrante del notable grupo de poetas satíricos que escribió en esa ciudad en el siglo XIX. Su satírica era agresiva y burlesca, aunque no toda su producción literaria pertenece a este género. Sus textos, que eran en su mayoría de composición improvisada, no se habían reunido en un libro hasta 1963, cuando Néstor Álamo los recopiló en el volumen titulado Poesía. Falleció en 1897.
Agustina González y Romero, fue un personaje ocurrente y de vocabulario desvergonzado -al menos para su época-, fue un personaje popular en la Vegueta de aquellos tiempos, y sus improvisaciones se han incorporado a la cultura popular canaria, tal vez por eso mismo. Baste como ejemplo la cuarteta dedicada a la colocación de los perros que guardan la Plaza de Santa Ana en su ciudad natal:
«¡Vaya, vaya! ¡Vaya, vaya!
El mundo se va a acabar
¿Dónde se han visto ocho perros
cuidando la Catedral?»
José Juan Sosa Rodríguez recopila en un artículo otros poemas curiosos que nos muestran la agudesa del doña Agustina:
Epitafio que le escribió a sobrino primo, del que estaba enemistada, entre otros motivos, por problemas de herencias, el también vate, don Pablo Romero y Palomino:
Bajo desta loza fría
reposa el célebre vate
que dejó en fiero combate
a sus hermanas y tía.
A la marrana María*
le dejó tierra y chiquero,
al Ayuntamiento y Clero
dejó todo lo demás
con su alma a Satanás;
este fue Pablo Romero’
*La «marrana María» fue una amante que, al parecer, tenía el difunto en el municipio de Valleseco.
En este poema utiliza la ironía para describir lo dura que puede ser la convivencia dentro un matrimonio malavenido:
El casado
‘Un casado se cayó
en un hondo lodazal
tendido se quedó;
pero otro que lo vio
lo fue al punto a levantar.
-Agárrese usted de mí
si se puede sostener…
-Déjeme, mi ¿migo, aquí
que mejor estoy así
que en casa,con mi mujer…
