Con motivo de las fiestas de San Antonio Abad conocemos la Matanza de Acentejo: Hoy la Fuente del Pino y la Ermita de San Diego

Fuente del Pino

En las entrañas del Barranco Cabrera, que delimita físicamente a los municipios de La Matanza de Acentejo y El Sauzal, emerge este bello rincón matancero, testigo del devenir histórico y de los usos y costumbres del municipio. La Fuente del Pino, que toma su nombre de los árboles que franqueaban su entrada como regios custodios del preciado líquido que manaba de su manantial, ha contemplado en silencio durante generaciones el ir y venir de aquellos vecinos que frecuentaban la zona para abastecerse de agua para consumo, saciar la sed de sus animales o aprovechar su condición de ocasional lavadero. A escasos metros de distancia se encuentra también el viejo sendero por el que era posible cruzar entre municipios, las cuevas que sirvieron de almacén y establos a los vecinos de la zona, así como las huertas y bancales que delatan el aprovechamiento del suelo para uso agrícola. A fin de facilitar su almacenamiento y recogida, en torno al naciente se habilitó un estanque de poco más de un metro de profundidad, creando junto al caboco del barranco y la vegetación que lo rodea, una de las más bellas estampas del municipio.

Es fácil imaginar como este rincón se convirtió en punto de encuentro cotidiano, en mentidero en el que ponerse al día de las cosas que acontecían en la comunidad; aquí se debió hablar de cosechas, de la salud del ganado, de la necesidad de emigrar a otros lugares, de nacimientos y bodas… y como atestiguan algunas de las cruces que todavía son visibles, el lugar también fue el escenario de accidentados lances que se cobraron la vida de varias personas. La recuperación y puesta en valor definitiva de este lugar por parte del Ayuntamiento de La Matanza de Acentejo se remonta a comienzos de este siglo, materializándose en acciones muy diversas que han pasado por su rehabilitación paisajística y medioambiental, a su inclusión en rutas temáticas y espectáculos culturales, gestionando ante las administraciones competentes su posible catalogación como Bien de Interés Cultural con la categoría de Sitio Histórico. Su ubicación está entre los 530 y los 550 m.s.n.m

Ermita de San Diego

Su ubicación en plena Carretera General la convierten en uno de los elementos arquitectónicos más representativos del municipio, encontrando la primera referencia a la misma en el año 1666 en el testamento de María Vergara de Grimón, viuda del corregidor de la Isla, Diego de Alvarado Bracamonte. Sin embargo, será en los años 40 del siglo XX cuando, con nueva planta levantada en el lugar que ocupara la primitiva ermita, adquiera el aspecto y dimensiones actuales, que se presupone muy similar al original, ganando eso sí el espacio de una pequeña plaza. Para el nuevo templo se reutilizaron los artesonados y arco del antiguo. Su bendición se produjo el 5 de agosto de 1950, dejando de ser de titularidad privada en octubre del año 2011 al ser donada al Obispado por su propietario. La advocación a San Diego de Alcalá es tan antigua como la propia capilla y la imagen que en ella se venera procede de un taller canario del siglo XVII, que representó al santo abrazado a la cruz siguiendo modelos peninsulares.

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