Autos sacramentales de Reyes en la comarca lagunera. Por Julio Torres Santos

Auto de los Reyes Magos «El Socorro» Tegueste. Foto años 20. Archivo Julio Torres.

En Canarias, las celebraciones de la Epifanía traspasan los muros de las iglesias a finales del s. XVIII, fecha de la que se conservan los primeros documentos de los dos grandes ciclos del teatro religioso popular que se desarrollan en el Archipiélago y que se han continuado a lo largo de los siglos con muy escasas variantes: la adoración de los pastores y la adoración de los Reyes Magos. Luis Alemany en “El Teatro en Canarias” afirma que esta última posee mayor riqueza plástica que la de los pastores  y tiene su precedente literario en una obra de 1785. Según Francisco Navarro Artiles[i] dicho precedente es una pieza de Gaspar Fernández de Ávila titulada “La Infancia de Jesucristo. Poema dramático dividido en diez coloquios” de la cual han derivado las múltiples versiones existentes de la adoración de los Reyes Magos que los días cinco o seis de enero se representan en Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria,  La Palma y Tenerife, aunque nunca con un desarrollo tan amplio como la obra original, de la que toman sólo temas y versos de algunos de los coloquios.

Francisco Navarro Artiles hace una extensa descripción de los diez coloquios que integran la obra, la mayor parte escritos en verso romance, octosílabo, aunque en los momentos más solemnes suele aparecer el endecasílabo. Los títulos de los coloquios  reflejan bastante bien su contenido: 1) La Encarnación del Hijo de Dios, 2) La Expectación de María Santísima, 3) El Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, 4) La Manifestación de Nuestro Señor Jesucristo, 5) La Adoración de los Santos Reyes a Jesucristo, 6) La Presentación de Nuestro Señor Jesucristo en el Templo, 7) La Huida a Egipto de Nuestro Señor Jesucristo, 8) La Degollación de los Inocentes, 9) La Pérdida de Jesucristo Nuestro Señor de doce años, y 10) La Invención de Nuestro Señor Jesucristo en el Templo.

Aunque las versiones de este auto sacramental que existen en Tenerife corresponden a Tejina, Punta del Hidalgo, el Socorro y Tegueste, nos ocuparemos únicamente de las circunscritas al término municipal de La Laguna.

En Tejina existen numerosas variantes escritas, siendo aún mayor el número de las que guardan en su memoria los espectadores, pues es frecuente encontrarse con personas que se saben “Los Reyes” de memoria. La versión que actualmente se representa, a las 11 de la noche, en la puerta de la Epifanía, consta de 150 versos, frente a los 10.000 de la obra de Fernández de Ávila. Desarrolla los argumentos de la adoración de los pastores (que, además de algunos procedentes de la versión original, incorpora versos específicamente escritos para cada función, aludiendo algunos a sucesos o circunstancias del momento, así como otros producto de la transmisión oral), el encuentro de lo Reyes Magos con Herodes, la adoración en el portal y su posterior regreso, que incluye el sueño en el que un ángel les avisa que no vuelvan al palacio de Herodes. En diversos momentos de esta representación actúa, como se narra en otro capítulo, la tanda. En 1984 este auto se enriqueció con escenas como la huida a Egipto, incorporándose también nuevos personajes como la mujer de Herodes y un sacerdote, así como un Niño Jesús viviente. María Ángeles Sánchez[ii] afirma que esta tradición fue introducida en Tejina por un párroco llamado don José Manuel.

La versión de Punta del Hidalgo ya no se representa en la actualidad y en Tejina se afirma que procede de la de ésta localidad. Este auto incorporaba un efecto conocido como “correr la estrella”. Para describirlo, valgan las palabras de Juan Primo de la Guerra, aunque se circunscriban a la iglesia del Pilar[iii]: “efectivamente, un farol en figura de estrella, que tirado por cuerdas sale de la baranda del coro, va hasta la capilla colateral en donde está el nacimiento”.

En torno a “correr la estrella” en la Punta del Hidalgo se cuenta una graciosa anécdota. Hasta que no le tocaba entrar en escena, el actor encargado del papel de Herodes permanecía escondido en el confesionario que, convenientemente enmascarado, hacía las veces de su palacio. En cierta ocasión, la cuerda que transportaba el “farol-estrella” se rompió a causa del calor que desprendía la vela, con tan mala suerte que el farol golpeó fuertemente el improvisado palacio. El estruendo y el fuego hicieron salir despavorido a Herodes de su escondite. Sucedió en torno a 1920.

Esta rivalidad entre lugares cercanos (como entre Tegueste y Tejina), es una constante en las representaciones del auto de los Reyes Magos en Tenerife, de forma que cada uno acusa recíprocamente a su vecino de plagiario; de ahí la dificultad de establecer con exactitud la fecha en que comenzaron las representaciones en cada localidad. Así, por ejemplo, mientras Navarro Artiles afirma que la representación en Tejina comenzó en 1916, María Ángeles Sánchez establece que fue en 1905. Con relación a esto cabe afirmar que, al parecer en 1906, se celebró el auto en el interior de la iglesia y que, debido a la gran cantidad de gente que se dio cita en el coro para presenciarlo, las maderas de la construcción cedieron. Para evitar que se repitiera este suceso, el párroco obligó a que se celebrase en la calle. De todas formas, otra constante en estas representaciones en Tenerife fue las frecuentes prohibiciones de los párrocos para que tuvieran lugar en el interior de los templos.

[i] NAVARRO ARTILES, F. (1966): El teatro de Navidad en Canarias. Aula de Cultura de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.

[ii] SÁNCHEZ, M.A. (1998): Fiestas Populares. Maeva Ediciones, S.L. Madrid.

[iii] De la GUERRA, J.P. (1976). Diario I. Aula de Cultura de Tenerife. Instituto de Estudios Canarios. Selecciones Gráficas. Madrid.

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