Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías del entorno de la plaza del Cristo de La Laguna: La dulcería de la calle Las Cruces (V). Por Julio Torres Santos

Melchor Llanos Espósito, otro maestro dulcero que trabajó muchos años con Claudio en «Las Cruces o dulcería del Cristo».

Melchor de los dulces de Rita al obrador de San Benito pasando por las dulcería del Cristo. Un maestro dulcero en la memoria de La Laguna

En nuestro caminar por la memoria de las antiguas ventas, bodegas, tabernas y dulcerías de San Cristóbal de La Laguna, hemos venido recorriendo algunos de aquellos establecimientos que, durante buena parte del siglo XX, formaron parte de la vida cotidiana de la ciudad.

En nuestra última visita a los alrededores de la plaza del Cristo recordábamos Casa Antonino y la Venta de María Gutiérrez. Hoy continuamos aquel paseo para detenernos la dulcería «de la calle Las Cruces» que muchos laguneros todavía recordarán, especialmente quienes vivieron su infancia y juventud entre las décadas de los cuarenta los sesenta primeros años de los 70 del pasado siglo.

Pero esta historia nos llevará bastante más lejos. Nos conducirá hasta un pequeño obrador de la calle Juan de Vera, donde una mujer conocida como Rita «la dulcera» elaboraba los afamados dulces del Café Central, y pasando por la calle Las Cruces en el Cristo, terminará en el barrio de San Benito, en una casa de la calle Marqués de Celada donde un maestro dulcero, Melchor Llanos Espósito, continuaría elaborando muchas de aquellas especialidades de la repostería tradicional lagunera.

Es, por tanto, la historia de un oficio, de unos establecimientos desaparecidos y, sobre todo, de la transmisión de unos conocimientos artesanales que formaron parte de la memoria gastronómica de nuestra ciudad.

La dulcería del Cristo, conocida como «la de la calle Las Cruces», y en la que todos los dulces costaban una peseta.

Aquella dulcería ofrecía una variedad de productos muy característicos de la repostería lagunera de entonces, algunos de los cuales prácticamente han desaparecido de los mostradores actuales.

Entre ellos recordamos muchos de los dulces más populares que también elaboraba Melchor Llanos en San Benito, entre estos últimos las famosas barquitas de chocolate, elaboradas también en una variedad que combinaba una mitad de chocolate con otra de unacrema blanca, suave y mantecosa, que no era merengue.

Se vendían igualmente unas tortas planas de manteca con almendras, las rosquillas de cabello de ángel y unos dulces de hojaldre, planos y cubiertos de azúcar, conocidos como lenguas o suelas, por su forma alargada, que recordaba a una lengua de gato.

Eran dulces sencillos, pero con una personalidad muy definida. Formaban parte de una época en la que los obradores artesanales elaboraban diariamente sus productos y cada establecimiento conservaba sus propias especialidades.

Y precisamente aquella repostería la trabajó durante años el protagonista de nuestra historia: Melchor Llano Espósito.

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