Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías del entorno de la plaza del Cristo de La Laguna: Casa Antonino y su relación con acontecimientos historicos (V). Por Julio Torres

La imagen de San Miguel sale de los arcos del Cristo. Foto: Agustín Guerra, La Laguna 1955.
La procesión de San Miguel llegaba hasta el Cristo
Casa Antonino ocupaba además un lugar privilegiado para contemplar algunas de las grandes manifestaciones religiosas y populares de La Laguna. Hasta bien entrada la década de 1950 era habitual que determinadas procesiones llegasen hasta la plaza del Cristo.
Ocurría, por ejemplo, con San Cristóbal, patrón de la ciudad, cuya antigua imagen era trasladada hasta aquella zona con motivo de los actos y de la tradicional bendición de los vehículos.
Pero sucedía también con San Miguel.
En torno a su festividad del 29 de septiembre, la imagen era trasladada desde Santo Domingo hasta la antigua ermita de San Miguel. La ermita, como hemos contado en otra ocasión, había perdido entonces buena parte de su antigua función y se utilizaba también como lugar de almacenamiento de materiales relacionados con el Ayuntamiento y con la compañía eléctrica.
Para acondicionar provisionalmente el templo se aprovechaba el primero de los tirantes —las grandes vigas que atraviesan el artesonado— y allí se colocaba una enorme cortina que permitía separar la parte delantera del resto del edificio.
Delante de aquella cortina se instalaba la imagen de San Miguel y se celebraban los actos religiosos correspondientes a su festividad. Después, aproximadamente hacia las siete de la tarde, comenzaba la procesión.

La imagen de San Miguel pasando por Antonino. Foto: Agustín Guerra, La Laguna 1955.
La parada en Casa Antonino
San Miguel salía en dirección a la calle del Agua y continuaba hasta llegar a la plaza del Cristo. Allí la imagen entraba en el santuario y tenía lugar una pequeña celebración.
Aquella parada convertía la jornada en uno de los días de mayor movimiento para Casa Antonino.
Mientras el santo permanecía en el santuario, muchos de quienes acompañaban la procesión aprovechaban para acercarse al establecimiento. Un vino, una cerveza o algún refrigerio servían para hacer tiempo hasta que la imagen volvía a salir.
Después, la procesión emprendía el regreso.
Desde el Cristo continuaba por la calle de Viana hasta alcanzar la Carrera, que descendía en dirección al Ayuntamiento. En aquella época existían delante de las Casas Consistoriales unos importantes jardines, en cuyo entorno se encontraba también el recordado Parque Victoria. Allí se quemaban los fuegos artificiales antes de que San Miguel continuara finalmente su recorrido hasta Santo Domingo.
Durante años aquella escena se repitió con normalidad.
Pero todo cambió la noche del 29 de septiembre de 1956.

El avión de la compañía Aviaco accidentado en Los Baldios Tenerife era un SNCASE SE.161 Languedoc, cuatrimotor de fabricación francesa, matrícula EC-AKV.
29 de septiembre de 1956: el accidente aéreo de Los Baldíos
Mientras La Laguna celebraba la festividad de San Miguel, ocurrió uno de los accidentes aéreos más recordados de aquellos años en Tenerife.
Un avión de la compañía Aviaco se aproximaba al aeropuerto de Los Rodeos. Se trataba de un SNCASE SE.161 Languedoc, un gran aparato cuatrimotor de fabricación francesa, matrícula EC-AKV.
A bordo viajaban 33 pasajeros y cinco miembros de la tripulación.
Entre los pasajeros se encontraba la expedición del Club Deportivo Málaga, que había viajado hasta Tenerife para disputar un encuentro de Segunda División frente al Club Deportivo Tenerife.
Durante la aproximación nocturna a Los Rodeos, el aparato perdió altura antes de alcanzar la pista y terminó accidentándose en la zona de Los Baldíos, alcanzando una vivienda.
A pesar de la espectacularidad del accidente y del incendio posterior, se produjo una circunstancia extraordinaria: los 38 ocupantes del avión consiguieron sobrevivir.
La tragedia, sin embargo, se produjo en tierra.
Una mujer que se encontraba en la vivienda alcanzada por el aparato perdió la vida como consecuencia del accidente. Fue la única víctima mortal.
La noticia llega a la procesión
Mientras todo aquello sucedía en Los Baldíos, en el centro de La Laguna continuaban los actos de San Miguel.
La festividad tenía una especial relación con la Policía Municipal, pues San Miguel era su patrón, y los agentes acompañaban a la imagen durante la procesión.
Pero la noticia del accidente llegó rápidamente. Ante la gravedad de lo ocurrido, los policías tuvieron que abandonar los actos y dirigirse inmediatamente hacia Los Baldíos para colaborar en las tareas de auxilio y atender la emergencia. La procesión de aquel 29 de septiembre de 1956 quedó suspendida, lo que nadie podía imaginar en aquel momento era que aquella suspensión iba a significar también el final de una tradición.

San Miguel nunca volvió al Cristo
Después de aquel accidente, la procesión de San Miguel ya no volvería a llegar hasta el Santuario del Cristo.
De esta manera, la noche del 29 de septiembre de 1956 quedó marcada no solamente por el accidente aéreo de Los Baldíos, sino también por la desaparición de una costumbre que durante años había formado parte del calendario religioso y popular de La Laguna.
Aquella sería la última procesión de San Miguel que llegó hasta el Cristo.
Nunca más volvería a repetirse aquella estampa del santo recorriendo la calle del Agua, alcanzando la plaza, entrando en el santuario y reuniendo a numerosos laguneros en sus alrededores.
Y tampoco volvería a repetirse, por tanto, aquella escena tan vinculada a Casa Antonino: los vecinos esperando la salida del santo mientras aprovechaban para entrar en la casa de comidas y tomar un vino, una cerveza o algún refrigerio.
El accidente había interrumpido la procesión de forma imprevista y aquella interrupción terminó convirtiéndose en definitiva.
Por eso, aquel 29 de septiembre de 1956 representa también una fecha singular en esta historia. Casa Antonino fue testigo de la última ocasión en que San Miguel llegó en procesión hasta el Santuario del Cristo.
Los jugadores del Málaga
El accidente tuvo también una enorme repercusión deportiva, pues entre los pasajeros se encontraba la expedición del C. D. Málaga que debía enfrentarse al Tenerife.
El partido tuvo que ser aplazado.
Finalmente se disputó unos días después, el 2 de octubre de 1956, y terminó con victoria del Club Deportivo Tenerife por dos goles a cero.
Existe además una curiosa conexión entre aquel accidente y la historia posterior del fútbol tinerfeño.
Uno de los jugadores malagueños que sobrevivieron al siniestro fue Gonzalo Borredá, futbolista que años después acabaría defendiendo precisamente la camiseta del Club Deportivo Tenerife y formando parte del equipo relacionado con una de las etapas históricas de la entidad.
Una de esas casualidades que, vistas con la perspectiva que proporcionan los años, terminan uniendo historias aparentemente separadas.
