25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: El Ateneo de La Laguna en los albores del siglo XX (II). Por Julio Torres

Lo que conocemos como “puertos francos” y el “modelo capitalista periférico” determinarán un nuevo contexto socioeconómico e institucional que supondrá la incorporación, lenta y compleja, de una, antes, minoría de burgueses comerciales y profesionales que lucharán por su propio espacio en todos lo ámbitos de la vida, incluido el cultural.

La Real Sociedad Económica de Amigos del País

Estos esfuerzos de la burguesía agrícola y comercial de las islas por ganar un ámbito político y cultural de expresión y expansión se ven apoyados e impulsados por las Sociedades Económicas de Amigos del País.

No en vano, existe una confluencia de intereses, como es fácil detectar en las palabras de José Lesen y Moreno (1866), “ilustrado socio” de la Sociedad Económica de Santa Cruz de Tenerife:

“Las sociedades económicas (…) fueron creadas por (…) Carlos III para que la Nación (…) recobrara la preponderancia industrial, agrícola y comercial (…) que perdiera por los errores económicos de los Reyes Católicos y de la Casa de Austria. La ciencia agrícola, gloriosamente representada (…) por Columela, Ebu-el-Awan y Herrera fue decayendo (…). El rey [Carlos III] (…) se valió del espíritu prudente, elevado y reflexivo de Campomanes, discípulo aprovechado del conde de Aranda (…) y difundió por España la luz de la ilustración contenida en sus excelentes Discursos (…). Las clases elevadas de la sociedad española, tanto por su posición como por su estado y conocimientos, se apresuraron a inscribirse en las listas de los “amigos del país, y la nobleza, la toga, el clero, la milicia, el comercio, la agricultura y los altos funcionarios respondieron con ardor al llamamiento de la patria (…). A ellas [las Económicas] se han debido los primeros estímulos a la ciencia, a la industria y al arte (…). Su voz desinteresada en todas ocasiones, cada día tendrá más eco e importancia y será una gran calamidad pública el día que no se escuche”.

En La Laguna, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife fue establecida el 14 de febrero de 1777, durante el reinado de de Carlos III (1760-1788). Su creación se enmarca dentro del espíritu de la época que, amparado en las ideas de la Ilustración, claramente expresadas en el anterior fragmento de Lesen, pretende la modernización de España y el fomento de su riqueza en todos los ámbitos. Fue concebida como una institución destinada a potenciar, en sus áreas de influencia, aquellas actividades relacionadas con el desarrollo económico, científico y educativo, a través de la agricultura, el comercio y la instrucción.

“Imbuidos por este espíritu [la Ilustración] personalidades destacadas de la aristocracia, el clero, el funcionariado y la burguesía, unidas por el deseo común de progreso en todos los ámbitos de la vida pública, unieron sus esfuerzos para encontrar soluciones a la postración en la que se encontraba la sociedad española”.

Integraron su primera junta (Rodríguez Moure, 1935: 278): D. Tomás de Nava y Gritón, marqués de Villanueva del Prado (director); D. Fernando de la Guerra y del Hoyo, marqués de San Andrés y vizconde de Buen Paso (censor); el sargento mayor D. Antonio José Eduardo (secretrio); D. Alejandro Tomás Saviñón (contador) y D. Antonio Estanislao de Monteverde y Lugo (tesorero). Hasta tal punto llegó “la estima que de ella se hacía que era título honorífico y de una valía especial el pertenecer a la Económica” (Rodríguez Moure, ob.cit.: 278).

Participando la élite cultural lagunera, conformada por la burguesía y el sector nobiliario más culto, del espíritu de la Ilustración y de todo lo que ella representaba, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Laguna se convertirá en un de los motores culturales de la Ciudad, fomentado, implícitamente, el asociacionismo, que verá con buenos ojos al considerarlo un factor de civilización y de prosperidad. Y es que las sociedades culturales, sobre las que nos ocuparemos a continuación, se perciben como un lugar donde debatir, exponer ideas, fomentar aptitudes de oratoria, literarias, musicales o teatrales, además de ayudar a superar el ostracismo cultural que provoca la lejanía de los grandes centros intelectuales.

Cabe asimismo mencionar que, a partir del último cuarto del siglo XIX, la Económica lagunera organizó certámenes y veladas literarias con motivo de los grandes eventos conmemorativos y festivos de la época: traslado de los restos del Adelantado (1881), Fiestas de septiembre (1891), descubrimiento de América (1892), cuarto centenario de la conquista (1896) y tercer centenario de la muerte de Anchieta (1897).

También te podría gustar...