Fotos, coplas y poemas a las fiestas de otoño (VI)

13770435_10209954060513349_5230616595532307941_n

Nivaria Tejera 1957 en el camino largo con Pedro García Cabrera aclrevistaliteraria.academiacanarialengua. org

Pedro García Cabrera nació en la isla de La Gomera; en su pueblo natal su madre y tías tocaban la guitarra y cantaban coplas tradicionales, lo que señaló una tendencia en su poesía hacia el neopopularismo. Se trasladó a los siete años a Sevilla, donde su padre, que es maestro, va destinado, pero dos años más tarde volvió a su isla natal, desde donde más tarde marchará con su familia a Santa Cruz de Tenerife, donde estudiará bachillerato. En La Laguna estudia Magisterio, y en 1922 comenzó su actividad literaria con artículos en revistas y diarios.

Sus primeros poemas serían publicados en el diario Gaceta de Tenerife el año 1925. Durante los años 1926, 1927 y 1928 publicará en la revista Hespérides, en cuyo consejo de redacción entró y donde vio la luz su primera obra de relevancia, Líquenes (1928). En 1930 da a conocer su ensayo El hombre en función del paisaje, donde propone una contemplación amplia e integral del paisaje de las Islas Canarias, dejando a un lado aquellos elementos que pueden causar diferencias y protagonismos (como pueden ser el Teide, La Caldera de Taburiente, el roque Nublo o las Montañas del Fuego); él pretende que se fije la atención en los elementos comunes del paisaje y el ecosistema de todo el Archipiélago, con referencias que puedan servir para cualquier espacio insular. Ese mismo año, junto con los escritores canarios Rodríguez Doreste, López Torres y Juan Ismael funda la revista Cartones, ya de tendencias vanguardistas, y dirige la publicación decenal gomera de cuatro páginas Altavoz (1930-1931), a veces secuestrada por las autoridades, que servía de expresión a la Agrupación Juvenil Gomera. Eran alma de esta publicación Gabriel Mejías Fragoso, Ulises Herrera y Guillermo Ascanio y tenía un fuerte contenido de denuncia social a causa de su sección «Por el ojo de la llave», donde se mostraban al público con ingenio las arbitrariedades del caciquismo isleño. En abril de 1931 acude a las elecciones en las listas de la coalición republicana-socialista que derrocaría a la monarquía borbónica y será uno de los portavoces del partido socialista en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y en el Cabildo Insular de Tenerife, además de dirigir la publicación El Socialista.

Es detenido por sus ideas socialistas junto a otros políticos republicanos el 18 de julio de 1936 y es conducido primeramente a una prisión flotante y luego al campo de concentración de La Isleta (en Gran Canaria). El 19 de agosto es deportado, con treinta y siete compañeros más, en el barco correo Viera y Clavijo al campo de prisioneros de Villa Cisneros, actual Dakhla (Sáhara), experiencia que narra en su Romancero Cautivo con el poema «Con el alma en un hilo». En marzo de 1937 protagoniza una espectacular fuga, junto con un grupo de presos y de soldados que desertan del bando ‘nacional’, y tomando el correíllo ‘Viera y Clavijo’ ponen rumbo a Dakar (entonces colonia francesa). Se instala durante un tiempo en Dakar hasta que viaja a Marsella, desde donde vuelve a España en ferrocarril para integrarse en el ejército republicano en el frente de Andalucía, en el servicio de inteligencia militar. Una noche, cuando regresa en jeep de una misión desde Andújar a Jaén, el vehículo es arrollado en un paso a nivel por un tren cargado de heridos, accidente en el que mueren cuatro de sus compañeros. Él sufre graves quemaduras en las piernas; es ingresado en el hospital civil de Jaén. Trasladado posteriormente a Baza será nuevamente hecho prisionero y condenado a treinta años de prisión, siendo puesto en libertad vigilada en 1946, tras la cual contrae matrimonio, en 1948, con Matilde Torres, a la que había conocido años atrás durante su convalecencia en el hospital. En el tiempo que duró su encarcelamiento en el Sáhara y en Granada termina varias obras como Entre la guerra y tú (1936-39), Romancero cautivo (1936-1940), La arena y la intimidad y Hombros de ausencia (1942-1944), Viaje al interior de tu voz (1944-46). Estas obras permanecerán inéditas hasta la publicación póstuma de sus Obras completas en 1987. De regreso a Tenerife, consigue un empleo burocrático como jefe de contabilidad en la Caja de Previsión de la Cepsa. Se instala en Tacoronte, para pasar más tarde a Santa Cruz, en donde residirá definitivamente. Por iniciativa de Domingo Pérez Minik y de Eduardo Westerdahl, en 1949 intentan recuperar el vacío dejado por Gaceta de Arte con una nueva revista que recibe el nombre de De Arte, pero que, desafortunadamente, no pasa de su primer número, aunque permite a García Cabrera sacar a la luz un interesante ensayo titulado «Arquitectura y poesía». Al fin en 1951 publica Día de alondras, un libro inspirado en la poesía de Federico García Lorca. Con el apoyo de Ángel Acosta, en 1954, se le plasma una nueva oportunidad de manifestar sus inquietudes artísticas en uno de los primeros suplementos literarios del archipiélago, la Gaceta semanal de las artes, un cuadernillo de periodicidad semanal, que salía cada jueves dentro del vespertino tinerfeño La Tarde; se van uniendo a este suplemento Julio Tovar, Domingo Pérez Minik, Eduardo Westerdahl, Enrique Lite, y más tarde, Carlos Pinto Grote, Fernando García-Ramos, Isaac de Vega y Rafael Arozarena. En septiembre de ese mismo año participa con el amigo y poeta José Domingo en el II Congreso Internacional de Poesía celebrado en Knokke, ciudad belga de la costa del Mar del Norte, con una ponencia sobre «Las fuentes de la poesía popular».

En 1959, en Madrid, publica La esperanza me mantiene. Siguen cronológicamente en 1968 Entre cuatro paredes y Vuelta a la isla; Hora punta del hombre en 1970; Las islas en que vivo, 1971; Elegías muertas de hambre, en 1975, Ojos que no ven, en 1977 y Hacia la libertad (1978), ilustrada con aguafuertes de Jesús Ortiz. Al final de los años setenta se le diagnostica un cáncer. Los últimos poemas los escribe en Suecia, convaleciente de su enfermedad. El 20 de marzo de 1981, a la edad de 75 años, fallece en Santa Cruz de Tenerife.

La Laguna

Yo me he subido hasta aquí, yo,
verode, a los tejados, para
poner a la altura de la ciudad
todo el campo.

Y no es que quiera evadirme de la
amistad del arado por codearme
con torres, veletas y campanarios,
que es mi savia la que enciende los
populares geranios, la ternura de
la hierba que cubre el vientre del
barro y las tierras de labor donde
sonríe el trabajo mirándose en el
espejo de los frutos y los granos.

Campesina es mi raíz, pero mi
traza es de hidalgo y amo estas
calles, las quiero con todos mis
verdes altos, estas calles que se
alejan hacia los silencios mansos
que se duermen en la frente del
buey redondo del llano.

Por estas calles yo he ido con
mis libros bajo el brazo, desde
las ágiles aulas al lento
Camino Largo, de las fuentes
del Derecho a la ecuación de
los pájaros y del trino de una
flor al seno de un corolario,
siempre por mis soledades y
sueños nunca alcanzados.

De aquí contemplo los cerros que
me custodian los flancos,
mis cerros como carretas
inmóviles: son mis barcos,
-esos barcos que tripulan
lluvias y vientos descalzos
aunque a veces vaya en ellos la
pena de contrabando.

Tal San Roque. Su recuerdo
aún me sangra en el costado.
Fue hermano mío: el primero
que abrió mis ojos al llanto y a
quien una piedra en forma de
cruz sostiene en los brazos.

Pero yo no soy tristeza
ni caracol ermitaño,
sino antena que transmite
ese abierto abecedario
de letras vivas y hojas
que pone en pie cada árbol
para que sea la urbe,
más que un armón de basalto,
el corcel en el que viaja
el pensamiento a caballo.
Yo no miro sobre el hombro a
los que van paso a paso
pastoreando silencios,
crepúsculos y rebaños.

Y cuando toda la vega entra en
mis lares bailando, y
sus aperos y frutas
se entrañan en mi regazo,
y cada calle da a luz
mieses, carretas, ganados,
en el río de colores
que es la progenie del agro,
el corazón en el pecho
me salta como un muchacho.

Únicamente lo saben los que
miran a lo alto.
Y me siento muy feliz
presidiendo los tejados de mi
Laguna del alma -nidal,
simiente, cenáculo- belén de
sabiduría
que da nacimiento al campo.

Pedro García Cabrera

También te podría gustar...