«Indagando en naturaleza pictórica: ritmo de la noche» (y II), por Fátima Hernández Martín

(…) En el Archipiélago, este tipo de fauna se distribuye desde la orilla del mar hasta cotas cercanas a los tres mil metros de altitud (Ibáñez y Fernández, 1985). Uno de los más singulares, fácilmente identificable por sus grandes orejas, es el que se conoce como murciélago orejudo canario, Plecottus teneriffae (Barret-Hamilton, 1907), especie endémica de las islas occidentales, que vive en La Palma, El Hierro y Tenerife, ocupando gran diversidad de hábitats, desde zonas costeras, barrancos de medianías hasta el piso supracanario, aunque es más abundante en pinares y zonas de transición entre dichos pinares y la laurisilva o el fayal-brezal, refugiándose en el interior de tubos volcánicos, cuevas, galerías de agua o construcciones abandonadas.
Una subespecie de Barbastella barbastellus (Schreber, 1774), endémica de Canarias, es el murciélago canario de bosque, Barbastella barbastellus guanchae, Trujillo, Ibáñez & Juste, 2002, que se distribuye por Tenerife y La Gomera (Trujillo, 2002). También el endemismo macaronésico, Pipistrellus maderensis (Dobson, 1878), llamado murciélago de Madeira, presente en los archipiélagos de Madeira y Canarias (en este último caso en las cuatro islas occidentales, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro, donde ocupa casi todos los hábitats, incluso aprovechando alumbrado de pueblos y caseríos para capturar sus presas), aunque recientemente también ha sido citado en Azores (isla de Santa María) (Trujillo y González, 2011). Los otros cuatro quirópteros son: el murciélago rabudo, Tadarida teniotis (Rafinesque, 1814), el más grande en Canarias, que puede alcanzar una envergadura de unos 40 centímetros, del que pueden ver un ejemplar expuesto en las salas del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife (MUNA), foto 1, en concreto en las salas de vertebrados terrestres y que está presente en Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro (Hutterer, 1989). El nóctulo pequeño, Nyctalus leisleri leisleri (Kuhl, 1817), que habita en Tenerife y en La Palma (en Canarias) (Trujillo, Barone y González, 1988), así como en Azores y Madeira. El murciélago de borde claro, Pipistrellus kuhlii (Kuhl, 1819), presente en Gran Canaria, Fuerteventura y ocasionalmente avistado también en Lanzarote. Por último, el murciélago montañero, Hypsugo savii (Bonaparte, 1837), que gusta de grietas y fisuras y se encuentra en Canarias (El Hierro, La Palma, La Gomera, Tenerife y Gran Canaria) (Trujillo, Barone y González, 2012) Madeira y Cabo Verde. No obstante, recordemos que hace tiempo, a esta fauna, se añadió alguna que otra especie, caso del zorro volador egipcio (Rousettus aegyptiacus), exótico, introducido, portador de patógenos (caso de la rabia) (Wellenberg et al., 2002) e invasor que, aunque logró una población asilvestrada en Tenerife (año 2000), ha sido erradicado en las Islas (Trujillo, 2006, 2009).

Por lo general, estos animales viven en oquedades, cuevas, aunque algunos usan, como hemos comentado, los tubos volcánicos, sobre todo en época de cría. Los que se acercan a zonas más urbanas, prefieren elegir tejas, techos, cornisas, sobre todo de casas abandonadas en lugares tranquilos de enclaves apartados… Los pesticidas, la destrucción del hábitat, la invasión de dicho hábitat por el humano, la contaminación lumínica y los mamíferos introducidos, como gatos o ratas, son sus mayores amenazas en la actualidad, afectando a las poblaciones de manera notoria y preocupante, por el papel que llevan a cabo en la ecología del ecosistema (Mickleburgh et al., 2002).
Haciendo un poco de historia, dicen que Plinio el Viejo los consideró aves, error que persistió hasta el siglo XVI, cuando Conrad Gessner, naturalista y bibliógrafo suizo, los estudia dentro de su obra de cuatros volúmenes, Historia Animalium (1551-1558), ubicándolos como forma intermedia entre aves y mamíferos, y dibujándolos en sus enigmáticos libros de zoología (foto 2). De hecho, en el fragmento de San Isidoro de Sevilla (erudito polímata que vivió entre los siglos VI-VII) inserto al final del texto de este artículo, vemos cómo este hombre santo y estudioso, también los define como pájaros.
Más tarde, ya Linneo los clasificó dentro de los mamíferos en su Systema Naturae y Buffon, que les llamó vampiros, un término que toma de una figura de leyenda eslava, descubrió la hibernación que llevaban a cabo en su ciclo vital, durante una exploración en cuevas en las que encontró abundante guano (heces) de dichos quirópteros, observando que, en los excrementos, había restos de moscas y mariposas, lo que originó el inicio del estudio de dietas de especies europeas. Finalmente, a principios del siglo XIX, se aceptó que ellos formaban un orden propio, dentro de mamíferos, que denominaron: Chiroptera (quirópteros).
La palabra latina para murciélago fue vespertilio, que deriva de vesper que significa tarde, una referencia al momento del día en que emergían de sus escondrijos (lugares de habitación) para llevar a cabo sus actividades nocturnas (principalmente alimentarse).
Vinculados con creencias, mitos y supersticiones, en gran medida debido a su modo de vida, su vuelo, la morfología de su rostro, sus orejas, dientes y el tamaño de algunos, muy pocas especies a nivel mundial (solo tres) son hematófagas y pueden llegar a atacar a rebaños al objeto de beber sangre de los animales, lo que ha contribuido a propagar, en cierta manera, su leyenda de monstruos terribles de la noche por sus ataques a ganado/aves de corral y la consiguiente transmisión de enfermedades, caso de la rabia (Corrêa et al., 2014). Estas pocas especies son: el vampiro común (Desmodus rotundus), el vampiro de patas peludas (Diphylla ecaudata) y el vampiro de alas blancas (Diaemus youngi), cuyo hábitat se halla relegado solo a ciertas zonas de América.
Sin embargo, la mayoría -como hemos comentado- son inofensivos, insectívoros (polillas, mosquitos) o frugívoros (frutas), entran en letargo durante ciertos períodos de tiempo (en especial durante la época fría del año), favorecen la polinización y controlan plagas dañinas para nuestras cosechas.
Curiosamente han sido representados, a lo largo de la Historia, en numerosas ocasiones. Recordemos las pinturas, recientemente encontradas en una cueva del noreste de Australia (Australia’s Kimberley region), datadas en torno a 20-25.000 años, que representan unos extraños quirópteros (ocho), similares a zorros voladores, hoy extintos. La especie pintada en la caverna tiene unas curiosas marcas blancas en el rostro y actualmente no se conocen especies con esas características, por lo que pudieran haber estado presentes en otras zonas y se desplazaron, o desaparecieron como resultado de los cambios climáticos y ecológicos que siguieron al final de la Edad de Hielo, según opinan algunos científicos. Pero también han sido dibujados en bellas y extrañas ilustraciones de manuscritos iluminados del Medievo (foto 3 y 4), en piezas de tribus americanas (como es el caso del pueblo Mogollón), todo tipo de obras en arte oriental (donde por cierto es considerado símbolo de fortuna y buena suerte); los grabados de Materia Médica o algunos de los lienzos de grandes maestros de la pintura, como José de Ribera (foto 5), David Teniers o Vincent Van Gogh, por citar solo algunos de los numerosos artistas que los han plasmado, por lo general, como animales siniestros y peligrosos, cuando son inofensivos y lo único que quieren hacer, como cualquier miembro perteneciente a una especie biológica (créannos señoras y señores, como nosotros, los humanos) es vivir…tranquilos, en este planeta tan lacerado.
“…El murciélago, a diferencia de otras aves, es un cuadrúpedo volador, parecido a un ratón. Toma su nombre (vespertilio) por el momento en que vuela, después del crepúsculo. Vuela impulsado por un movimiento precipitado, cuelga de ramas frágiles y emite un sonido como un chirrido…”
San Isidoro de Sevilla (Las Etimologías)
Dra. Fátima Hernández Martín, directora del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología
