Voces tinerfeñas: Rafael Perera, Falo Perera para los amigos. Por Gonzalo Hernández

Rafael Perera, Falo Perera para los amigos. Músico de vocación lagunero, e inquieto vertebrador de varios proyectos musicales, entre los cuales destaca la creación de Los Sabandeños. Es él mismo quien comenta a Gonzalo Hernández para el libro Los Sabandeños: las otras voces del mito cómo llega a la Punta del Hidalgo y cuál es el embrión del que nace este respetado músico:

«Yo pasaba en la Punta todo el tiempo que me permitían las clases —recuerda Falo—, porque su clima me venía de puta madre. De pequeño era asmático; y en La Laguna, por dar una carrera con la pelota, ya me asfixiaba. Cuando me daba un ataque, mis padres me metían en la guagua y, llegando a la Punta, se me quitaba. Allí ayudaba a mi abuelo en las labores de cultivo de sus terrenos, cogiendo la fruta, o algodón».

Sobre aquellos primeros encuentros en los que coincidían aquellos que años más tarde fundarían Los Sabandeños, entre otros grupos, continúa la obra:

«Falo y sus amigos solían verse por las tardes —y a veces también por las noches, sobre todo los fines de semana— en la venta que Lala, su tía, tenía en La Hoya. “Por entonces, mi primo y yo —nos cuenta— ayudábamos a mi tía en la venta, que, sobre todo en los veranos, empezaba a tener un movimiento tremendo. Estábamos todo el día con ella, menos el rato que íbamos a bañarnos a las furnias. Y por las tardes nos reuníamos allí mismo, en la muralla, por fuera de la tienda, con todos los amigos”. […] Otros días, aquellos jóvenes se iban a casa de Pepe el Abogado, frente a la tienda de la tía Lala, a ver jugar al envite a los pescadores, o a tomarse unas perras de vino y a tocar. Cuando podíamos, claro —apunta Falo—, porque en esa época no teníamos perras para ir todos los días a beber y a comer”».

Así, desde muy pronto, la música se convirtió en el acicate o quizás la excusa para muchos de los encuentros que a partir de entonces protagonizó aquel grupo de amigos:

«En otras ocasiones —recuerda Falo— Kike Martín nos llamaba para hacer una parranda en casa de alguno de los mayores (don Tomás Bravo; don Juan y don Antonio de la Cruz…), con los que él, que era unos quince años mayor que nosotros, se solía reunir por las tardes, en casa de uno o de otro, para echarse sus vasitos de vino y sus envites. Y luego, ya de noche, se venía con nosotros. Muchas veces nos íbamos a las Barranqueras, que es el tramo de carretera que existe entre Bajamar y la Punta (antes mucho más estrecho y con muchísimas curvas), y por el que, en esa época y a esas horas, apenas pasaban coches. Nos solíamos sentar en la muralla, encima del Arenal, por la zona de Sabanda, a tocar la guitarra o a oír música con un transistor, porque allí se cogía una gran cantidad de emisoras, sobre todo francesas y marroquíes.

[…] A muchos de aquellos amigos que desde su primera adolescencia venían compartiendo veranos en la Punta, el contacto con la vida universitaria les daría la oportunidad de llevar su gusto por la música más allá del ámbito de la parranda. Así, a finales de los años cincuenta, comenzaron a desarrollar actividades en campos tan dispares como la música coral, el pop, el rock y, por supuesto, el folclore; y, en algunos casos, se embarcaron en aventuras musicales que, en opinión de algunos de los entrevistados, contribuirían a dibujar el perfil del grupo que aún estaba por nacer.

[…] En cuanto a los flirteos del grupo de la Punta con el mundo del pop y del rock, de nuevo Falo Perera y Juan Oliva, esta vez junto con Paco Ucelay, formaron, también en el año 1958, un trío de guitarras, inicialmente pensado para cantar canciones pop de la época. Al año siguiente, se les unieron Domingo Díaz Castro —como vocalista—, Domingo Luis Martín —al piano—, Julio Fajardo —al acordeón— y Leoncio Bacallado, además de un exmiembro del grupo madrileño Los Estudiantes, José Luis Palacios- Pelletier, y juntos formaron la orquesta de música moderna Los Universitarios. “También llegó a formar parte de la orquesta Julio González Alonso, el Cuisco”, nos cuenta Falo Perera.

[…] Julio Fajardo, Juan Oliva y Falo Perera se sumaron a la Capilla Palestrina con posterioridad, a raíz de su aventura con el grupo Los Universitarios. “Cuando fuimos a Alemania —relata Falo—, sacamos pasaje también para José Luis Palacios-Pelletier. Él había venido aquí poco menos que desterrado por la familia a terminar la carrera de Química, porque en Madrid tenía abandonados los estudios. Nada más llegar, conectó con nosotros, y entonces… la familia se enteró y se lo llevó otra vez para Madrid. Nosotros ya teníamos su billete, así que tuvimos que pensar quién podría ir a Alemania en su lugar. Y nos acordamos de Kike Martín, que siempre se apuntaba a todo, porque no trabajaba. Él, efectivamente, aceptó, y, a la vuelta, como muestra de agradecimiento, nos metió en la Capilla Palestrina».

Con este pequeño extracto del libro Los Sabandeños: las otras voces del mito, sus autores, Francisco García Yanes y Gonzalo Hernández quieren agradecer y felicitar a todos estos músicos que el próximo febrero de 2018 celebrarán el cincuenta aniversario de su presentación como sabandeños en el Ateneo de La Laguna.

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