Voces tinerfeñas: Olga Benavente y El Trío Acaymo
Olga Benavente (voz solista) y José Luis Alayón (segunda voz y guitarra) son dos de las tres «patas» del Trío Acaymo, una de las formaciones míticas del folclore canario. La tercera, el gran requintista Aquilino González, se fue para siempre en octubre de 2009 después de casi cuarenta años en la brecha.
Cuando murió la tercera voz del trío, sus compañeros afirmaron que la trayectoria del colectivo terminaba ahí, pero ahora piensan todo lo contrario. Consideran que el mejor tributo a Aquilino «es mantener el grupo y seguir adelante», como afirmó Olga Benavente, la voz solista.
El grupo incorpora un nuevo requintista, Emilio Negrín, quien estuvo ya con ellos una temporada hace diecisiete años, precisamente para suplir a Aquilino durante una de las fases de su enfermedad.
Olga Benavente explica los orígenes del grupo: «Ya estaba casada con José Luis y veníamos de otros conjuntos. Un día, paseando por la plaza del Príncipe en Carnaval, nos encontramos con Aquilino. Empezamos a hablar de música y acabamos formando el trío».
No sólo hacían versiones sino también temas propios. Así lo explica Olga: «Ahí están Lagunerita, El niño de Tenerife o Despierto en Canarias. Los tres arreglábamos canciones, aunque Aquilino se dedicaba más a eso».
Olga Benavente no puede evitar emocionarse al recordar a su compañero fallecido. «Era un hombre muy abierto y alegre, bromista, aunque serio en el trabajo. Muy de Santa Cruz con su barrio, Las Cuatro Torres, por bandera. Nos llevábamos muy bien, formábamos una familia. De hecho, soy la madrina de una de sus hijas».
Olga habló también de Pepe, su hermano menor: «Ahora soy yo su hermana y antes era al revés. También formó parte del trío al sustituirme cuando me quedé embarazada. Sabía que iba a triunfar porque lo llevaba en la sangre desde niño; somos una familia humilde y trabajadora, pero con mucha fuerza para conseguir metas».
«Cuando quería dejar el trabajo en la Refinería -precisó Olga- le aconsejé que no lo hiciera. Yo no me atreví, siempre planteé compaginar la actividad artística con otras por seguridad. Aunque tuve ofertas importantes en Venezuela, volví a Canarias por mis tres hijos. Hoy me alegro de que Pepe tomara aquella decisión».
Olga Benavente y su marido enseñan lo que saben a los mayores: «Trabajamos como monitores de música en varios centros de la tercera edad como el de Valleseco, Acaymo, en La Laguna, y Pico Cho Canino, de Finca España. Al principio les cuesta por el miedo al ridículo u olvidan las medidas de folías y malagueñas. Pero, cuando se sueltan, hay una calidad de voces impresionante. Es una pena que muchas se pierdan al fallecer. El folclore está en crisis porque ha habido demasiadas innovaciones. Hay que escuchar a los mayores porque mantienen la esencia de lo que oyeron cuando eran unos niños».
