Un pregón corto para una tradición eterna. Por Julio Torres Santos

                                                                                                                         Foto: Julio Torres Santos

A modo de pregón corto —que si breve, dos veces bueno—, porque no todo han de ser palabras largas ni homilías eternas, sino mensajes claros que lleguen al corazón.

Desde su fundación por Alonso Fernández de Lugo, La Laguna ha sabido guardar un tesoro único: iglesias, conventos, palacios, balcones y calles que, rectas o caprichosas, dibujan el alma de la ciudad. Todo ello da forma a una Semana Santa singular, donde la estética y el sentimiento caminan de la mano.

La Semana Santa no nace de la nada. Para quien la contempla desde fuera, parece comenzar con el Domingo de Pasión, cuando las puertas se abren y el incienso empieza a inundar cada rincón. Pero su verdadero origen está en el trabajo silencioso de todo un año.

Es obra de muchos: imagineros, orfebres, bordadores, cereros y floristas. Artesanos que, con sus manos, dan vida a una tradición que se renueva cada primavera.

Pronto veremos a los cofrades recorrer las calles con sus hábitos, cada uno con su historia y su identidad. Y tras ellos, los pasos: el Cristo y la Virgen, verdaderas joyas de arte y devoción, donde se unen la elegancia, la tradición y el cuidado en cada detalle.

Todo envuelto en el aroma del incienso y el perfume de las santasnoches de la Vega lagunera.

Así es la Semana Santa de La Laguna: historia, arte y sentimiento… vividos en cada calle.

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