Tras la huella de la Iª Peregrinación tinerfeña a Roma en 1950 (XX). El redreso a Nápoles (III)

(…) Digna de ser conocida es la grata impresión que al llegar nos produjo la presencia de nuestro «Plus Ultra». Nos aguardaba junto al muelle con honrada y amorosa fidelidad, como nos espera la casa paterna trás una ausencia más o menos demorada; parecía regocijado por nuestro aparecer y nos recibió sonriente y engalanado con la bandera de la Patria. Fuimos a él como se va al tibio hogar de nuestra confianza, a la casa propia, y lo encon¬tramos reluciente y aseado con limpieza reciente, fresca; los pa¬sillos baldeados; sus cámaras ventiladas y abiertas; el equipaje en orden; sus comedores a punto para agasajarnos, con los blancos manteles sobre las mesas y el menaje de servicio rigurosa y ordenadamente dispuesto; en la cocina, las viandas en sazón para ser servidas. Una grosera injuria al cariñoso recibimiento del «Plus Ultra» hubiese sido no aceptarle la comida que nos ofreciera, y otra injuria con ello hubiérase inferido al clamor exigente de nuestros estómagos exacerbados por un tremendo apetito. No de otra forma podía resolverse esta delicada cuestión, sino comiendo; como en efecto, así se hizo.

Todavía hubo tiempo después de comer da conocer por dentro la población.Echamos a caminar y junto al puerto nos encontramos con la plaza del Municipio,en la que hay erigido un monumento a Víctor Manuel II. También hállase junto al puerto el corso de Umberto I. Muy pronto llegamos a la espaciosa y bella «galería» que lleva su nombre y que es el lugar más concurrido de la población. Al entrar la primera vez a esta calle nos imaginábamos lo hacíamos en una iglesia de una nave, comprobando en seguida la existencia de otra nave transversal, igual en todo a la primera. El conjunto está totalmente cubierto de cristales y a ambos lados levántanse bellos edificios ostentando en sus frisos o cornisas estatuas y alegorías. Estas edificaciones están destinadas a comercios de lujo, hoteles, restaurantes, cines, etc. Enfrente, el Teatro de San Carlos, de renombre universal. Fuimos luego á la plaza de San Fernando y allí acordamos pasear por Nápoles aprovechando sus típicos coches o tartanas de tracción animal.

Lo hicimos primeramente alo largo del parque de Posilipo que se extiende por la costa del Golfo de Nápoles y de Puzzoli, desde donde puede apreciárse una agradable vista de Nápoles y de sus islas. Luego nos internamos otra vez en la población y recorrimos sus principales calles, como el corso Garibaldi, vía Carmine, plaza del Mercado, vía Roma, vía Duomo, etc. etc.

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