Tras la huella de la Iª Peregrinación tinerfeña a Roma en 1950 (X). Santa María la Mayor

La visita a la Basílica Patriarcal de Sta. María la Mayor fue «el último acto de nuestro santo Jubileo». Desde la plaza de San Juan de Letrán los peregrinos se trasladaron a la de Santa María la Mayor. «El trayecto es corto e interurbano» .
El cronista destaca la especial «significación para nosotros los españoles» de esta basílica, según él por «la protección que los reyes y el pueblo de España siempre le han dispensado. En el pórtico de la misma hállase la estatua de un rey español: Felipe IV, y es sabido que la primera plata que desde América vino a España, nuestros reyes la destinaron a esta Iglesia. Los reyes españoles eran canónigos honorarios de esta Basílica».

Tras contemplar la torre, «la más alta de Roma (…), construída por el Papa Gregorio XI», nuestros peregrinos reconocen que «el interior del templo indudablemente no es de la brillantez de las otras Basílicas, pero infunde en el visitante una ternura grata y un místico recogimiento. Consta de tres naves severas con treinta y seis columnas jónicas de mármol blanco; su precioso artesonado, pinturas antiguas y mosaicos le dan un tono armonioso y de prestancia. Notables son dos de sus hermosas capillas: la de Sixto V, llamada Sixtina, y la de la familia Borghese. Algunos críticos conceptúan esta última, fundada por Paulo V (Borghese) como la capilla más hermosa y valiosa entre todas las de Roma» .
En esta Basílica coincidieron todos o casi todos los componentes de la primera peregrinación tinerfeña a Roma. «Aprovechando esta oportunidad, el Vble. Párroco de San José, D. Jesús Cabrera Medina, como directivo de la Peregrinación, ordenó se cantase el himno de la misma. Agrupados todos junto al altar de la Confesión y dirigidos por el maestro Borguñó, en efecto, brotaron las vibrantes notas de nuestro himno (…) Así rematamos los peregrinos tinerfeños esta bella jornada profundamente religiosa».

Terminados los actos religiosos de la visita a las cuatro Basílicas, los peregrinos se reunieron en el restaurante «Tibolessa» para almorzar.
