Seis días con Cervantes y D. Quijote de la Mancha (III)

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La composición del Quijote. Por Ellen M. Anderson y Gonzalo Pontón Gijón

Por otra parte, la topografía del capítulo 10 es la propia del llano, mientras que, repentinamente, en el capítulo 11 don Quijote y Sancho se encuentran en terreno montañoso, al que solo llegarán cuando se adentren en Sierra Morena (capítulo 23). Stagg concluye de forma elocuente: «solo cuando superponemos el perfil de Marcela a las cumbres elevadas y adustas de Sierra Morena, contemplamos a esa figura desafiante —la mujer con el corazón tan duro como la piedra— en su correcta perspectiva … Sierra Morena es su espacio natural».

La hipótesis de que la historia de Marcela y Grisóstomo se escribió entre los actuales capítulos 23 y 25 ayuda a explicar que en los capítulos 11-14 se manifieste una fase avanzada del «ingenio entreverado» de don Quijote. En estos capítulos, el hidalgo manifiesta un relativo buen juicio y una percepción literaria que contrastan vivamente con las alucinaciones y los desvaríos caballerescos de los capítulos 1-11 y otros posteriores. Este nuevo comportamiento coincide con el gusto por las discusiones sobre la corrección del lenguaje, manifiestas en los capítulos de Sierra Morena y siguientes. De este modo, en la composición original del manuscrito, y a diferencia de lo que percibe el lector en la versión publicada, esos momentos iniciales de lucidez no habrían sido una «aparición temprana de ‘rasgaduras en la cortina de la obsesión’», como quiso Otis H. Green, sino la prueba de que la idea cervantina de don Quijote había ido evolucionando hacia un retrato de mayor complejidad. Don Quijote se refiere por primera vez a la vocación de «reprochador de voquibles» en el actual capítulo 12, y no vuelve a mencionarla hasta el capítulo 21, seguido de varios casos en 23, 25 y 26. De ese extraño hiato ha deducido Stagg que Cervantes ideó el mecanismo mientras escribía el capítulo 21, y decidió recurrir a él durante un trecho de la narración. Es posible, así, que esa parte del capítulo 12 se escribiera en origen como una porción ubicada textualmente en los capítulos 21-26, y se trasladara posteriormente hasta el lugar que ahora ocupa.

El traslado de la historia de Grisóstomo y Marcela a un contexto anterior, junto con otros materiales destinados originariamente al actual capítulo 25, explica no solo la desmesurada extensión del mismo, sino también la aparición y desaparición del asno de Sancho. No hay lector que deje de advertir que el asno está presente desde el capítulo 7 al 25. En este último se alude a la desaparición de la montura («Bien haya quien nos quitó ahora del trabajo de desenalbardar al rucio», I, 25, 280), pero sin mencionarla de forma explícita, ni mucho menos aclarar sus causas. En la segunda edición de Francisco de Robles se añadió al capítulo 23 una explicación de lo sucedido: Ginés de Pasamonte había robado el asno mientras don Quijote y Sancho dormían al raso en Sierra Morena.

En el capítulo 27 de la Segunda parte, Cervantes quiso presentar el descuido como un error del impresor: «por no haberse puesto el cómo ni el cuándo en la Primera parte, por culpa de los impresores, ha dado en qué entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de emprenta» (II, 27, 855). Sin embargo, el único error que podría haber cometido el impresor sería la inserción del robo del rucio en un capítulo equivocado. No hay duda de que la explicación tendría que haberse incluido en el capítulo 25, entre el momento en que se menciona al asno como presente por última vez («entremétete en espolear a tu asno», 273) y la primera referencia de Sancho al robo de su montura. La propia versión de Sancho ex post facto, publicada diez años más tarde en la Segunda parte, confunde aún más las cosas, al afirmar que el asno fue robado durante una noche que no existe en la primera edición: «yo dormí con tan pesado sueño, que quienquiera que fue tuvo lugar de llegar y suspenderme sobre cuatro estacas que puso a los cuatro lados de la albarda, de manera que me dejó a caballo sobre ella y me sacó debajo de mí al rucio sin que yo lo sintiese» (II, 4, 656).

A partir de estas anomalías Stagg concluyó que Cervantes, en una fase temprana de composición, escribió los actuales capítulos 11-14 como parte del texto que se publicó luego como capítulo 25, es decir, entre nuestras páginas 273 (la intervención de Sancho que finaliza «…acabándonoslas de romper de todo punto») y 276 (la referencia, fuera de lugar, a Ambrosio: «como ya oíste decir a aquel pastor de marras, Ambrosio…», mencionado por última vez en el capítulo 14). De este modo, la primitiva versión del robo del asno habría formado parte del episodio pastoril. El robo del rucio se narraba en su ámbito original, Sierra Morena, dentro de una sección que se trasladó al actual capítulo 11. Al cambiar de lugar esos folios, Cervantes advirtió que no podía mover la historia de la desaparición del asno, puesto que había numerosas referencias a su presencia a lo largo de los capítulos 15 y siguientes. En consecuencia, tuvo que suprimir el episodio, lo que le obligó a desgajar el pasaje sobre la recuperación de la montura. Al proceder de este modo no advirtió que iba a provocar inconsecuencias textuales de peso.

La versión sobre el robo del asno publicada en la Segunda parte pone de manifiesto hasta qué punto le resultó imposible a Cervantes conciliar las anomalías que había provocado en su apresurada reescritura de la novela. En la continuación de 1615, astutamente, decidió desviar la atención del verdadero problema mediante la introducción del divertido paralelo entre la desaparición del rucio y el robo del corcel de Sacripante por parte de Brunelo, que se cuenta en el Orlando furioso. Tal como cree Flores, no puede descartarse tampoco que el episodio del robo del asno sucediese en el diseño original de Cervantes de forma parecida a como Sancho lo describe en el capítulo 4 de la Segunda parte. Como quiera que fuese, esta posibilidad no deja de ser un apoyo a la tesis de que la historia del robo del rucio se hallaba en medio de la secuencia de capítulos sobre Grisóstomo y Marcela.

A partir de un análisis de los argumentos de Stagg, Flores ha llegado a la conclusión de que la historia de Grisóstomo y Marcela se escribió en una fase de redacción posterior a la de los capítulos que la circundaban originariamente, compuestos para formar parte de la sección de Sierra Morena (numerados en un principio, según cree, como capítulos 18-23). Dada la ausencia de menciones del asno en esas páginas, salvo en el párrafo que conecta los actuales capítulos 11 y 12 (numerados en un principio como 21 y 22), Cervantes habría querido interpolar la historia de Grisóstomo y Marcela tras el episodio —luego eliminado— en el que Ginés se apoderaba de la montura de Sancho, pero más tarde habría cambiado de opinión, y el robo (que era entonces el capítulo 20) se habría situado en el centro de los capítulos precedentes. De este modo, el episodio de Marcela y Grisóstomo se habría redactado más tarde, en torno a la primitiva historia de la estancia de don Quijote y Sancho con los cabreros y el robo del asno.

¿Qué repercusiones estructurales provocó la decisión de trasladar la historia de Grisóstomo y Marcela a un lugar tan alejado de su ubicación original? La crítica ha notado el desequilibrio en el número de páginas de las cuatro partes en que se divide la versión publicada: I (capítulos 1-8), II (capítulos 9-14), III (capítulos 15-27) y IV (capítulos 28-52). La decisión de dividir el texto en partes, tomada in medias res, es claro indicio de hasta qué punto la imaginación de Cervantes se había ido orientando hacia una parodia de la estructura y el contenido de los libros de caballerías, normalmente divididos en grandes secciones. Probablemente debamos a esta decisión la aparición de Cide Hamete Benengeli, el supuesto autor y presentador de cada parte, a imitación de los modelos caballerescos. Stagg ha sugerido la posibilidad de que Cervantes pensara primero en una división homogénea, de unos ocho capítulos por parte; sin embargo, esa idea se reveló irrealizable a medida que fue reelaborando y trasladando materiales.

En la reconstrucción del hipotético diseño original de la novela, el final del episodio de Marcela señalaba el cierre de la tercera parte. Al trasladar este episodio a su posición actual, Cervantes dejó la división entre partes en un lugar en que todavía indicaba un corte importante en la trama. La acortada tercera parte resultante (capítulos 22-24 y la primera mitad de 25) se compensó con el añadido de la segunda mitad de 25 y los capítulos 26-27. Que existió una división originaria entre los capítulos 21 y 22 se pone de manifiesto en el inusual tratamiento de Cide Hamete. Hasta ese momento ha aparecido en cada división de parte; en el inicio del capítulo 22 vuelve a introducírsele, por supuesto sin mención alguna de cambio de sección («Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego, en esta gravísima, altisonante, mínima, dulce e imaginada historia…», I, 22, 235). Esta anomalía parece indicar que en un origen Cide Hamete introducía una nueva parte en ese lugar; esa parte se habría sustituido por el simple inicio de un capítulo, con lo que se perturbaba mínimamente el texto existente.

Pero Benengeli desaparece tras el capítulo 27. Stagg ha visto en esta circunstancia una nueva señal de que Cervantes reconsideró la estructura de la novela. A medida que iban aumentando las interpolaciones y transposiciones, la división en capítulos y partes resultó más difícil de mantener de forma consistente. Del mismo modo que la decisión de dividir la obra en capítulos se había establecido en el 18, la resolución de desechar sin comentario alguno la división en partes puede ubicarse en el capítulo 28, donde se ignora a Cide Hamete y se destaca la inclusión de «cuentos y episodios» (I, 28, 317). Cide Hamete es el cronista de las aventuras de don Quijote e introduce el episodio de Cardenio, Luscinda y Dorotea, pero otros personajes son los que narran El curioso impertinente y El capitán cautivo. Por este motivo, Cervantes va abreviando sus ulteriores referencias al cronista (en el inicio de la tercera parte original, capítulo 15, y al final del capítulo 27) y finalmente se deshace de su narrador de ficción, que permanece como el fósil de un plan primitivo.

La división de la obra en partes y las técnicas cervantinas para encajar las narraciones breves en la historia principal son aspectos íntimamente relacionados. Tal como se ha dicho, en la Primera parte el autor manifiesta su compromiso con la idea de que el libro debe contener muchos y variados episodios, que serán de este modo testigos de su talento creativo y de su preocupación por suscitar y mantener el interés de los lectores. Según se desprende de los indicios señalados, Cervantes dividió primero el texto en capítulos y luego en partes, e insertó finalmente la historia de Cardenio, Dorotea y Luscinda, y los relatos de El curioso impertinente y El capitán cautivo.

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