Se fue Nievitas (doña Nieves Mesa Mesa). Por Roberto Suárez Alonso

Ya descansó en paz Nievita. Ciertamente su rostro, que tuve el privilegio de ver, transmitía, paz, tranquilidad, el gozo de que, con la ayuda de Dios, todo lo hizo bien.

Una mujer, que en tiempos difíciles, como otras muchas, sacó a su familia adelante. En este momento me vienen los recuerdos, de su risa, a borbotones, jovial, contagiosa, manifestación de una alegría interior; de sus visitas a ver a mi abuelo, para interesarse por su salud; de muchas tardes de domingo, en las que venía por casa y hablaba con mi tía narrando historias antiguas y nuevas del Puerto, o de La Laguna, o de los manteles y encajes,… Porque eso sí, Nievita tenía para esa labor unas manos especiales. Prueba de elló quedan sus trabajos en Santo Domingo, o en el Hospital de Dolores, o en San Juan (en donde realizó preciosos manteles palmeros, otros de esmerados encajes,…).

Mis condolencias a su esposo Evelio (un gran hombre), a sus hijos e hijas, Charo, José Evelio, Mari Nieves y Masen. A su hermana María del Carmen, y al resto de sus nietos, bisnietos y sobrinos.

¡Se fue Nievita! No, me he equivocado, no se fue. Permanece, en nuestros corazones y especialmente en los vuestros. Permanece en la herencia que os dejó, del bien obrar. Y permanece, sobre todo, con Nuestro Señor Jesucristo del Gran Poder, y con la Santísima Virgen, La Soledad.

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