Rincones laguneros: La Casa Porlier. Por Julio Torres Santos

Casa Porlier, Balcón, Cristo, septiembre, fuegos y procesión…

Rodríguez Moure nos cuenta en su «Guía de La Laguna (1935)», al describir los inmuebles ubicados en la calle Carrera, que «los muros de la número 56 vieron nacer al ministro Don Antonio Porlier, primer Marqués de Bajamar, y a sus ilustres hermanos.Hoy la viven los marqueses de Villanueva del Prado y Acialcázar».

La Casa Porlier

Don Antonio Porlier heredó la casa de su abuelo, Antonio Jiménez Moscoso, que la había comprado en 1698. Posteriormente, fue habitada por Ildefonso de Castro y Salazar de Frías, marqués de la Fuente de Las Palmas (1858 y 1935).

Su construcción original data de la segunda mitad del s. XVII, con transformaciones y adiciones a lo largo del s. XVIII. Enmarcadas por franjas de cantería, consta de tres plantas. En la primera se abre la puerta principal, de cantería muy sencilla, y a ambos lados, dos puertas de reciente factura que dan paso a sendos comercios. La segunda planta presenta amplias ventanas de guillotina y un balcón central cerrado con cristalera. Las ventanas responden a la estructura típica: constan de dos paños, uno supcrior fijo y otro inferior móvil, de trayectoria vertical; los cristales están colocados entre varillas o metopas que forman cuadrículas y detrás de ellos aparecen dos hojastapaluces, en este caso, lisas.

En cuanto al balcón, existen diversas opiniones sobre la procedencia de este elemento arquitectónico: para unos, el balcón o saledizo es de origen romano, conservándole durante la Edad Media;para otros es de origen musulmán.Sin embargo, parece ser que lo más apropiado para establecer el origen del balcón canario es hablar de una mezcla entre los balcones de la arquitectura rural del norte peninsular y las necesidades de los canarios, pero sin olvidar que nuestra arquitectura tradicional está basada en la madera, material más noble de todos los utilizados. El balcón de la Casa Porlier tiene, en parte, las características comunes del balcón canario: ubicado sobre la portada de ]a casa y en la segunda planta, aparece reposando sobre «canes», con antepecho de balustres y cojinetes, pies derechos y cubiertos de teja. La diferencia respecto a los «típicos» está en que aparece cerrado con cristalera, lo cual se considera como una variación de los mismos.

Pero el aspecto más relevante de la fachada lo constituyen las tres ventanas ovales de la última planta, que ocultan otras tantas anteriores cuadradas. Se trata de una reforma realizada con el fin de embellecer el aspecto exterior de este piso al ser habilitado como vivienda y perder su uso tradicional de granero o desván.

Mantiene las características típicas de la construcción canaria tradicional, con una perfecta simetría en sus huecos, esquinas en cantería vista y cubierta inclinada de teja árabe.

Como en toda casa señorial destacan de ella la fachada y el patio. El patio, en el centro del edificio, permite que existan galerías altas y bajas. Entre las habitaciones de la calle y el patio, se encuentra, a un lado, ]a escalera. La planta alta dispone de un salón a fachada y una serie de habitaciones en los lados del patio. Hay una antesala amplia que ocupa la zona de desembarco de la escalera y queda frente al salón. En la fachada destacan las tres ventanas ovales.

Alfonso Soriano y Benítez de Lugo en sus investigación «De Casas y Familias Laguneras» apunta:

«La casa de la familia Porlier fué construida en la segunda mitad del siglo XVII. Fue comprada a don Antonio Jimenez Moscoso en 1698, por don Juan de la Luz de Dutari y Fuentes, que originario de Navarra se estableció en La laguna por los años 1668 a 1670, donde casó, en 1689, con doña Jacobina Sopranis, poseedora del mayorazgo fundado por su padre, don esteban Sopranis de la Haya y Fiesco, sobre sus fincas de Bajamar en Tenerife y de Guía en Gran Canaria, el 30 de marzo de 1689. La hija de este matrimonio, doña Rita Juana de La Luz Sopranis Dutari, casó con don Esteban Porlier y Du-Ruth, que procedente de Francia se instaló en La Laguna en los primeros años del siglo XVIII, y fue nombrado por el rey Luis XVI, en 1709, consul general de Francia.

En la descendencia de este matrimonio se continuó la propiedad de esta casa, en la que nació, el 16 de abril de 1722, don Antonio Porlier y Sopranis, presidente del Consejo de Indias, nombrado ministro de Gracia y Justicia por el rey Carlos IV en 1790, primer canario que ejercía tan alto cargo, y creado por este Rey I marqués de Bajamar en 1791.

Posteriormente pasó a la familia de Salazar Frias, al casar en 1765 doña Juana Porlier y Castilla, en la que recayó el mayorazgo familiar, con don martín Salazar de Frias y Franchi, V conde del Valle de Salazar. A finales del siglo XIX era su propietaria doña Concepción Salazar de Frias y Chirino, hija del VII conde del Valle de Salazar, marquesa de Villanueva del Prado por su matrimonio con don Fernando de Nava y grimón y del Hoyo, y en ella nació y vivió don Ildefonso de Castro y Salazar de Frías (1858-1935), marqués de la Fuente de las Palmas, nieto del VII conde del Valle de Salazar. Una lápida de marmol, recuerda, en la fachada de la casa, su memoria, como director de la Banda de la Fe, que llena una página de la historia artística de la ciudad de La Laguna. Don Ildefonso casó con su prima segunda doña María del Pilar de Ascanio y León-Huerta, naciendo de este matrimonio, entre otros, doña María de la Concepción de Castro y Ascanio, que fue X marquesa de la Fuente de las Palmas por Real Despacho de 3 de julio de 1908, mujer de don Elicio Lecuona y Díaz, en cuya descendencia se ha continuado el titulo nobiliario, y don Fernando de Castro Ascanio, de cuyo matrimonio con doña Cipriana Meneses y González, nacieron doña Pilar y doña Candelaria de Castro Meneses, actuales propietarias de la casa».

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