RECUERDOS HISTORICOS Y TRADICIONALES DEL CARNAVAL (y III). Por Carlos García

carneros del hierro

Carneros de El Hierro

Rituales y diferentes costumbres del carnaval.- El rito del carnaval consiste en desencadenar los “demonios”, o sea una fiesta caracterizada por los placeres materiales con el concurso y utilización de las máscaras y por la inversión de las relaciones jerárquicas, ya que no solo fue la fiesta del vientre, como ha quedado explicado, sino es también la fiesta de las máscaras.

La íntima relación que existe entre carnaval y las máscaras procede de los ritos sagrados que las primitivas poblaciones celebraban, fundamentalmente referidos a temas agrícolas, cada comienzo de año en un claro afán purificador y fertilizador de la tierra.

El valor religioso y mágico que representa la máscara, con la que se pretende emular a una divinidad o a un espíritu, da significación especial a la pretendida ritualidad de fecundación. Pero no solo ha tenido este significado.

La costumbre de enmascararse fue realizada también en tiempos de guerra, tanto en afanes de ataque para asustar al enemigo como de uso protector de la cara a los golpes del contrario.

Otro tipo conocido de máscara es la funeraria, como la de los antiguos egipcios y culturas similares tales como la griega y fenicia.

Y por fin recordar otro uso de las máscaras, esta vez más profano, cual fue su utilización en el teatro, tanto en las antiguas tragedias, que pretendían mostrar, según los modos distintos de facciones, un personaje concreto o su figura estereotipada además de ocultar la identidad del actor que la portaba.

Este tipo de escenificación y teatralización deriva del viejo mundo, que sin duda pasó al nuevo, introduciendo en éste costumbres diversas. Aquí en España, la presencia de enmascarados y especialmente la de diablos enmascarados, tiene su origen principal en el teatro litúrgico medieval y en los autos sacramentales que en determinadas fiestas se celebraban.

Estas fiestas ya han desaparecido o se han trasladado a diferentes países pasando a formar parte de celebraciones paganas como el Carnaval.

Podemos recordar, a modo de ejemplos, que en Argentina, en el pueblo de Humaguaca en la provincia de Jujuy, aparecen en el Carnaval la figura de los diablos que, formando comparsas, salen a la calle y al son de quenas y bombos, realizan bailes en los que participan mayoritariamente sus habitantes, denominando, precisamente a estos bailes, con el nombre de carnavalitos.

En otros lugares, a la fiesta del carnaval se le denomina chaya, como en la zona de la Rioja o Catamarca, y en las que se cantan vidalas chayeras. Estas celebraciones acaban con batallas de almidón que, perfumados con clavos de olor, se guardan en bolsitas que se arrojan a las jóvenes.

Cuando el carnaval acaba llega el momento de enterrar a las fiestas, para lo que los argentinos realizan un muñeco de trapo en forma de diablito y que llaman pukllay, enterrándolo en una fosa hasta el próximo año en que volverán a desenterrarlo dando comienzo el nuevo carnaval.

La similitud con nuestros carnavales es grande ya que por aquí existen y perduran los diabletes de Teguise, que salen enmascarados con las típicas caretas de diablo y que son una de las manifestaciones más antiguas y diferenciales que en el Carnaval de Canarias podemos encontrar.

diabletes

Diabletes de Teguise Lanzarote

Por tanto, con el paso del tiempo las máscaras fueron popularizándose y su uso se extendió a las calles, a las fiestas y en definitiva a todas las celebraciones carnavaleras, que todos los ciudadanos utilizaban, nobles y plebeyos, ya que con su uso se permitía poder criticar e insultar a los superiores y amos o confundirse con el pueblo y así disfrutar, anónimamente, de la alegría popular sin que nadie sospechara ni conociera su verdadera identidad.

En referencia a distintos hechos o costumbres que existen en muy distintos lugares durante el Carnaval, podemos recordar, tanto en Tenerife como en La Palma y en otras islas, la utilización de los huevos-talco o taco que se arrojaban a los transeúntes desde las casas y balcones y que eran huevos rellenos de polvo de talco, que se fabricaban reuniendo las cáscaras de los huevos y que se rellenaban, al principio, de talco, lo que dio origen a su nombre, pero que más tarde cambió a serrín, harina, ceniza e incluso hasta con arena, por lo que entonces se convertían en verdaderos proyectiles que hacían mucho daño, razón por la que fueron prohibidos por las autoridades.

Esta costumbre de arrojarse materiales diversos en el carnaval es algo muy antiguo ya que desde el siglo XVII era utilizada el agua para mojar a las gentes utilizando cacharros, cubos, calderos y, como informa Pío Baroja, bombas de agua perfumada realizada con cáscaras de huevo.

En Tenerife conocemos el uso de las carnavalinas, tratándose de unos pequeños juguetes de agua que mojaban a los paseantes, con agua de olor o de rosas, aunque a veces fueron utilizadas por los desaprensivos de turno, con líquidos no tan olorosos lo que de nuevo motivó otra prohibición.

Por tanto, era costumbre en muchos países arrojar huevos, fruta podrida, polvos, harina o suciedad a las personas en las fiestas del Carnaval. Existen datos que avalan estos hechos, como el edicto emitido por el Capitán de Justicia de Palermo, de febrero de 1.499 o el de 1.518, que prohibía a todos, adultos y niños, que tiraran naranjas u otras cosas, mientras que a las mujeres se les permitía arrojar agua desde las ventanas siempre que fuera agua limpia.

Se conocen otras costumbres, más salvajes, como la de arrojar a la calle monedas junto con pedazos de hierro candente, en París, y sobre las que se abalanzaban los niños a recogerlas, quemándose las manos, siendo aquello “muy divertido de ver”.

El uso del agua está muy difundido en los carnavales. En países como Argentina o Venezuela continúan utilizándose. La acción de mojarse entre sí, utilizando diferentes medios, es práctica habitual. Con un periódico de gran tamaño, los muchachos argentinos llenaban de agua el mismo, dándole la forma de una bomba y la hacían estallar en la cabeza del que pasaba, dando lugar, en ocasiones, que aquella cayera desmayada por el impacto. O el uso de pequeños globos de colores rellenos de agua que son lanzados como proyectiles entre los viandantes.

Costumbres similares como las practicadas entre los canarios, que tanto arraigo popular tuvieron, y que viene a refrendar el desenfreno y algarabía que definen desde antaño a las fiestas del Carnaval.

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