RECUERDOS HISTORICOS Y TRADICIONALES DEL CARNAVAL (II). Por Carlos García

Origen del nombre.- El origen de la palabra puede que esté en alguna de las hipótesis que se han dado de ella. Para algunos el término derivaría de la formación de las palabras carne y vale, esto es, adiós a la carne, pues sería un adiós al libertinaje y locura antes de la llegada de la cuaresma.
Para otros, deriva de los juegos que en homenaje a Hertha llevaban a cabo los teutones, participando las mujeres en aquellos, que con su gran hermosura y gran alegría, animaban a los habitantes de los pueblos. Estos juegos, y en honor a la utilización de un carro en forma de nave que participaba en los festejos, el Carrus Navalis, es de donde podrían tomar el nombre.
Otra forma explica su nominación en los términos Carnis Levamen, o sea, alivio de la carne, que también estaría acorde con el Carnesciale o derroche de carne, que además podría derivar de Carnen Laxare, o sea, dejar de comer carne.
Parece que la hipótesis que con más mérito cuenta es la de buscar su origen en Carnen Levare, que viene a definir el precepto de la iglesia que obliga a comer carne después del miércoles de ceniza.
De cualquier forma, ya en plena Edad Media y en casi toda Europa se rendía culto al Carnaval, siendo lo más característico la concurrencia de grandes enmascarados y la presencia de vehículos adornados, y cuando se trataba de carros navales, hermosos mascarones de proa copiados de las naves verdaderas.

Los primitivos carnavales.- Tras la desaparición del Imperio Romano las costumbres que existían en el seno de su cultura, fueron heredadas y absorbidas por las otras civilizaciones que entraron en contacto con ella. Así por ejemplo la fiesta de las Calendas, que eran celebradas en el mes de enero, fueron transformadas en las Galias en una mascarada, donde los hombres, vestidos de mujeres, ocupaban las calles realizando multitud de actos desenfrenados y licenciosos llenos de obscenidad.
La Iglesia, con el ánimo de controlar estas actividades, trató de retocar un poco ciertas formas que seguían resistiendo la tradición popular. Así, las distintas bacanales fueron de nuevo bautizadas con diferentes nombres, según los lugares, tales como Fiesta del Asno, de los Locos o Carnaval, aunque en todas se mantuvo el carácter de trasgresión y de la inversión del orden de las cosas.
En los siglos X y XI el propio Papa tomaba parte en el carnaval. Desde las iglesias salían procesiones alegres que convergían en San Juan de Letrán, encabezadas por un sacristán con estola y con una corona de flores de donde asomaban cuernos de chivo. Caminaba con una vara llena de campanillas y le seguían el cura y los feligreses. Luego el Papa salía de su palacio y junto con los cardenales entonaba el Deus ad bonam horam, himno burlesco mezcla de griego y latín groseros, siendo la señal para que la fiesta comenzara, con bailes que acompañaban los cascabeles. Un cura montaba un asno al revés y se impartía la bendición apostólica.
Igual que en la Fiesta de los Locos en Francia, la gente se propasaba en las casas, en los conventos y en las calles. Eclesiásticos y canónicos tomaban parte en las bromas más obscenas y groseras. Los frailes y monjas se daban a los goces libertinos del carnaval. En una crónica del siglo VII se habla de una abadesa del monasterio de Poitiers que antes de la Cuaresma jugaba a los dados y organizaba en su convento representaciones impúdicas con máscaras.
Los clérigos se disfrazaban de mil maneras, incluso de mujer, y se organizaban bailes en los conventos. El hecho de estas manifestaciones en los conventos o lugares sagrados deriva de que eran utilizados en la antigüedad como lugar de representaciones teatrales, y en esta época no se consideraba sacrílego dedicarse a estas diversiones cerca de los altares.
No obstante, existieron personas que levantaron su voz para condenar estos hechos. Así tenemos a Clemente de Alejandría y Juan Crisóstomo, lo mismo que el Papa Inocencio III, que emitió una Bula para expulsar de las iglesias todos los espectáculos, juegos y diversiones, aunque la fiesta continuó entre lo sagrado y lo pagano. No olvidemos que el Carnaval y la Cuaresma se encuentran totalmente juntos, precediendo el uno a la otra que, aunque contrapuestos, son inseparables.
