PREGÓN DE SEMANA SANTA 2017 San Cristóbal de La Laguna (IV). Por Eduardo Rodríguez Rodríguez

¡Cristo que pasa!
La Semana Santa es Cristo que pasa. Como le dijeron al ciego. Pasa Jesús Nazareno. Por lo tanto, la Semana Santa es Pascua –paso-. ¡Aprovechemos la oportunidad!
¡Querido amigo! Cuando en tu parroquia preparas las celebraciones, ensayas los cantos, cuando eliges cuidadosamente las flores o participas celebrando: ¡Es Cristo que pasa!
¡Querido amigo! Cuando limpias el trono, cuando te pones la capucha o te colocas en la fila y emocionado haces el recorrido con tu cofradía: ¡Es Cristo que pasa!
¡Querido amigo! Cuando esperas en la esquina de la calle que pase la procesión, cuando llevas de la mano a tu hijo a ver pasar la Magna o visitas los monumentos: ¡Es Cristo que pasa!
¡Querido amigo! Cuando simplemente descansas, o disfrutas de las tradiciones, cuando al doblar una esquina ves pasar aquella imagen y sobrecogido te detienes: ¡Es Cristo que pasa!
Semana Santa es Cristo que pasa. Y ante su paso ¿Qué hacer? ¿Qué quieres hacer?
Podemos vivirlo como unos días más o aprovechar lo que sucede para dejarnos interpelar por unos acontecimientos que pueden cambiarnos la vida si los dejamos. No se trata de acompañar a Cristo en su pasión sino de ayudarle a empujar el mundo hacia la Pascua.
Permítanme que les cuente: Tenía 16 años cuando en mi ciudad natal, Santa Cruz de la Palma, renacía una nueva cofradía de jóvenes, una de las primeras cofradías mixtas de España, La Cofradía del Santo Encuentro, que en la actualidad se denomina de Jesús Nazareno y que esta Semana Santa cumple 350 años. Vinculada a las bellas imágenes salidas de la gubia del extraordinario escultor natural de esta banda norte de Tenerife, Fernando Estévez del Sacramento como de él, también, se conservan en nuestra querida Laguna, el paso de las Lágrimas de San Pedro en la parroquia de la Concepción o el Santo Cristo del amor misericordioso que preside la sacristía de esta catedral y la talla de la Magdalena.
Dios me salía al paso a través de aquellas imágenes, y de aquellos cofrades cubiertos de capirucho y capa granate y túnica crema. ¿Qué llevaba a aquella gente a pasar tantas horas acompañando aquellas imágenes? ¿Cómo era posible que algunos de ellos, fuesen aquellos mismos compañeros que se sentaban cada día a mi lado en clase? ¿Qué habían descubierto ellos que yo no tenía o no conocía?
Preguntas que hoy, cuando miro atrás, me hacen reconocer el trabajo de un Dios que pacientemente me andaba buscando por las calles de Santa Cruz de la Palma. Y quise ser uno de ellos. ¡Ah!, me olvidaba decirles que, aunque hoy sea cura, en aquel momento, yo presumía de ateo.
Con el tiempo, el testimonio de los compañeros, la búsqueda de respuestas, el ir poco a poco involucrándome y sentir que no podía salir de cofrade cada semana santa y llamarme católico sin vivir como tal, me hizo pararme y mirándome al espejo decirme: “Eres un incoherente. Dices que Dios no existe pero jamás lo has buscado en serio. Presumes de ateo y sales en una cofradía. ¿En qué quedamos?” Y esa noche le hablé a Dios. Recuerdo que le dije: “Si es verdad que existes voy a buscarte. Si no eres verdad, no pierdo nada y ya despejé una duda. Pero si es verdad lo que dicen de ti, encuéntrame.”
Ciertamente pasaba en aquel momento Jesús Nazareno y no lo sabía. Nuestras historias no son monólogo sin encuentro.
