PREGÓN DE SEMANA SANTA 2017 San Cristóbal de La Laguna (II). Por Eduardo Rodríguez Rodríguez

Abriendo caminos

Bernanos, el famoso escritor francés, solía decir que todos tenemos un lugar en el Evangelio; que todos una vez, en Palestina, nos cruzamos, hace dos mil años, con Cristo en alguna esquina; que todos debíamos olfatear las escrituras buscando esa frase que dijo por cada uno de nosotros, ese rincón donde su mirada y la nuestra se cruzaron.

Esto es lo que les invito a hacer en esta noche. Les invito a buscarnos en las páginas del Evangelio. A tratar de descubrir, dos mil años después, la historia de amor más grande jamás contada. La figura y el mensaje de aquel hombre de 33 años, todavía tiene la fuerza y la viveza de antaño, aún hoy es un mensaje que cambia vidas. Lo afirmaba aquel filósofo ateo, André Frossard:”Sé la verdad sobre la más disputada de las cuestiones y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré”. Como Kant escribía: “Dios es el ser más difícil de conocer pero también el más inevitable”. Los creyentes, afirmamos que Aquel hombre que colgó del Madero, a quien los historiadores de la época mencionaron como «un tal Jesús de Nazaret», sigue vivo. No somos los seguidores de un muerto, ni del mayor fracasado de la historia, sino los seguidores de Alguien vivo por quien merece la pena gastar la vida.

Lo queremos proclamar en este tiempo, con la vista puesta en el Bicentenario de la creación de la Diócesis, inmersos en la Misión Diocesana, ese ejercicio de renovación de la fe al que estamos llamados todos los creyentes. Al tiempo, esa invitación a salir y contarles a otros lo que Dios ha hecho con cada uno. Lo hacemos exigidos por el amor. Para ser más y mejores discípulos. Un tiempo para preguntarnos si nuestro seguimiento de Cristo es de corazón o solo de oídas, si ya nos hemos “encontrado”. Si le amamos de verdad o nos limitamos a utilizarle. Lo resumió bellamente aquel matemático constructor de las calculadoras mecánicas, experto en probabilidad, filósofo y escritor, Blas Pascal: “Sólo existen dos clases de personas razonables: las que sirven a Dios de todo corazón porque le conocen, y las que le buscan de todo corazón porque no le conocen”.

Por ello, quisiera que este pregón sea un canto y a la vez un reto. Un canto al amor inmenso de Dios que no se cansa de buscarnos, que no se cansa de proponernos su amistad. Que sale a nuestro encuentro a través de personas, circunstancias y acontecimientos. Un reto, de renovar la fe o planteárnosla de nuevo. Ya que, en ocasiones, hemos convertido a Dios en el dios de los curas, de las sacristías, de los resignados, de los de otra época, eterno vigilante de nuestras maldades e implacable juez que condena al infierno.

Decía San Juan Pablo II que el gran mal del hombre moderno no es que no crea en Dios, sino que ha olvidado que Dios le ama. Quisiera hacer mías las palabras del Papa Francisco al comenzar la Evangelii Gaudium y dirigirlas a cada uno de los que esta noche me escuchan:

“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores».

¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia (…).No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!” .

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