Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2018 (VI). Por Rosario Álvarez Martínez

Procesión del Traslado del Cristo de La Laguna en años 20.

(…) Sin embargo, los órganos no han sido los únicos instrumentos que han intervenido en el culto. Ya en la segunda mitad del siglo XVIII vemos cómo otros instrumentos tales como violines empiezan a participar junto al órgano en los actos más solemnes de ciertas iglesias tocados por cultos laguneros ejercitados en su buena ejecución. Existen ciertos testimonios de memorialistassobre este particular que no voy a traer aquí para no alargar mi intervención. Tan solo quiero leerles un extracto de lo que escribiera el naturalista francés André Pierre Ledru en 1796 sobre la magnificencia del culto de la iglesia de la Concepción, que podríamos extrapolar a la iglesia del convento de San Miguel en los días solemnes de las fiestas del Cristo, porque sabemos que en ellas no se escatimaba nada que pudiera servir para adorar a Nuestro Señor:

“No he visto en Francia un culto tan pomposo ni iglesias tan ricamente adornadas como en La Laguna. Estuve en esta ciudad el 8 de diciembre, que era día de fiesta en la parroquia de la Concepción, y asistí a la ceremonia religiosa. Las paredes del templo estaban cubiertas de raso rojo; las escaleras del santuario del altar y del tabernáculo (de una altura de ocho metros) estaban revestidas de láminas de plata cincelada que reflejaban la luz de 800 cirios, sostenidos por candelabros también de plata. A la entrada del santuario se había levantado un altar con la misma pompa, sobre el cual estaba la estatua (imagen) de María, con una luna de oro en sus pies, la cabeza adornada con una corona de diamantes y vestida como la Madonna de Loretto, con un traje de tisú de oro que la cubría desde el cuello hasta los pies. Añadan a este cuadro vasos dorados enriquecidos con pedrerías, sesenta curas vestidos con telas de oro o plata, veinticinco o treinta de los principales habitantes cubiertos con capas de raso, sentados en banquetas forradas de terciopelo, una muchedumbre inmensa, un conjunto de músicosbastante bueno que ejecutaba las obras maestras de la música italiana, y ustedes tendrán una idea del culto exterior de La Laguna en las grandes solemnidades”.

André Pierre LEDRU: Voyageauxiles de Ténériffe, la Trinité, Saint-Thomas, Sainte-Croix et Poro-Ricco.(1796). Publicado en París en 1810. p.76.

Que en el Santuario del Cristo las grandes ceremonias debieron ser así, lo corrobora el hecho de que algunos obispos de finales del siglo XVIII amonestaban continuamente a los responsables por el boato que habían adquirido las fiestas, pidiendo un culto más austero, sobre todo en el gasto de la cera.

Pero sigamos con la música.

En 1819 tiene lugar un hecho trascendental para La Laguna, que fue la creación de la diócesis nivariense y el establecimiento de la catedral en la antigua parroquia de los Remedios, como es conocido por todos. Para el mundo de la música religiosa esto tuvo consecuencias importantes, porque en la noche de Navidad de ese año comenzaba su andadura la nueva capilla musical bajo las órdenes del maestro gaditano Miguel Jurado Bustamente, que antes lo había sido de la catedral de Las Palmas. En una isla que había carecido de capilla de música (grupo de cantores e instrumentistas, más uno o dos organistas, bajo la dirección de un maestro) a lo largo de sus tres siglos de historia, esto constituyó un revulsivo muy grande, pues ello suponía que los actos litúrgicos no solo iban a ser musicalmente ricos por las voces e instrumentos que iban a participar en ellos, sino que también se abría la posibilidad de que maestros o integrantes de la capilla crearan nueva música para este templo, como así fue ysu archivolo demuestra.

El acta capitular del 11 de febrero del año siguiente explicita los componentes de la capilla, que entre capellanes, cantores adultos y mozos de coro, organistas, violinistas chelistas y flautistas su número oscilaba entre quince y veinte, un grupo nutrido de músicos que nunca se había oído en las iglesias de esta isla.  Que esta capilla participó en las festividades del Cristo es casi seguro, pues también bajaba a Santa Cruz a solemnizar la función de la Exaltación de la Cruz el día 3 de mayo, y allí quedaron muchas particellas de su archivo, que confirman este desplazamiento.

Entre los músicos que conformaban esta capilla se encontraba elgüimarero, Domingo Crisanto Delgado Gómez (1806-1856), que tenía buena voz de tenor y que competía con el bajo José Sierra en el canto. Pero no era su voz precisamente lo que destacaba de él, sino sus aptitudes para la composición, que bien pronto descubrió en sus lecciones el maestro Miguel Jurado. Crisanto escribió mucha música tanto para el templo catedral como para el convento de Santa Catalina donde había profesado una hermana suya, de excelente voz de soprano. La poca atención que le prestaron los canónigos de entonces a su labor creadora, que no pagaban, ni atendían sus peticiones de ser nombrado maestro de capilla, hizo que este buen músico emigrara a Puerto Rico en 1836, en cuya catedral de San Juan trabajó como organista y sochantre los últimos veinte años de su existencia, después de haberse ordenado sacerdote. Allí era conocido como el padre Crisanto y adquirió fama por sus numerosas y estupendas partituras, que hoy se encuentran en el Archivo General de la nación. Y entre toda la producción religiosa que dejó aquí encontramos un Motete dedicado al Ssmo. Cristo de La Laguna para una y dos voces con acompañamiento de piano y texto de su autoría. Sus atractivas melodías llenas de un sentimiento de fervor religioso tienen ya el aliento romántico, de un Romanticismo que tardaría un par de décadas en introducirse en Tenerife a través del piano. Es la primera partitura que conocemos compuesta expresamente para al Cristo.(…)

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