Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2016 (III).Por Carmen Cruz Simó

cristo hiedra

(…) El 14 de Septiembre de 1607 se producirá el segundo gran impulso para la festividad que pregonamos porque, entonces, las autoridades insulares declararon ese día Festivo «en honor del Santo Cristo, atendiendo al clamor popular de ios milagros que ya entonces se le atribuían».
Vendrán luego, sucesivamente, la «Festividad del Ungido», dentro de la cual y en la plaza del convento-santuario se

representaba la «Exaltación» al Cristo; es decir «elevar su culto al mayor nivel posible de dignidad”; la aparición de la figura del «Proveedor de la Fiesta», designado por los Padres Franciscanos en la persona de un caballero meritorio a tal efecto quien, además de responsable de los diversos actos, obsequiaba a la venerada imagen «un objeto de plata» entre los cuales destacaremos la «Cruz» que, ofrecida por D. Francisco Baptista Pereira en 1630, soporta la imagen del Cristo desde entonces y en su altar.

En el año 1659 surgirá la «Venerable Esclavitud», prestigiosa cofradía que pronto llevará los títulos de «Pontificia, Real y Venerable» bajo cuya responsabilidad y de la mano del «Esclavo Mayor», estará la organización de las principales celebraciones litúrgicas o de otra índole relacionada.

Desde entonces y hasta ahora, como una pleamar, el «Santuario del Santo Cristo de La Laguna» revalidará tal carácter de «Santuario» mediante la llegada creciente de peregrinos que, desde múltiples lugares del archipiélago y otras partes del mundo, en buena medida muchos de los canarios que emigraron a Europa y América, vienen atraídos por los valores que desde aquí se proclaman e irradian y por el prestigio de los milagros que, en respuesta a lo que solicitan los afligidos por males corporales o sociales, se sienten atendidos por el Santísimo Cristo. Los múltiples «exvotos» de la más variada naturaleza que podían verse a la entrada del templo, aseveran tal circunstancia.

Y al referimos a nuestros emigrantes, que lo fueron por tan diversas razones, no queremos olvidar a uno muy especial: el Rvdo. Padre José de Anchieta, jesuita natural de La Laguna quien, en la segunda mitad del siglo XVI y después de haber estudiado en la entonces muy prestigiosa Universidad de Coimbra, misionó Brasil llegando a ser considerado como Apóstol de aquel territorio donde, entre otras cosas, (latinista, poeta y gramático), fundó la ciudad de Sao Paulo y contribuyó a la fundación de Rio de Janeiro, además de escribir una valiosa gramática sobre la lengua tupí, una de las más importantes habladas en aquel vasto país. Fue beatificado por Juan Pablo II y canonizado por el Papa Francisco en el año 2014.

Es posible que José de Anchieta conociera la talla del Cristo de La Laguna a tenor de la presencia en algunos de sus versos de la descripción de un Cristo que nos recuerda al nuestro. Su manifiesta devoción en él se trasluce en versos escritos en español y compuestos para ser utilizados con una melodía popular de la época, cambiando la letra de esa melodía por la realizada por Anchieta, de carácter religioso, lo que se denomina

con el término técnico de contrafacción, contrafactum en latín. En la biografía de Anchieta editada por el Ayuntamiento de La Laguna se establece que el misionero utilizaba esas canciones «a lo divino» para la escuela y la catequesis de los indígenas.

Anchieta, gran personalidad de la cultura y hombre de fe, sirve de preámbulo para destacar, dentro de las Fiestas del Cristo lagunero, la importancia que tiene para tal efeméride la variedad de actos culturales que durante todo el mes se llevan a cabo. Y es por esa razón por lo que desde muy temprano hay una estrecha vinculación entre el santuario y sus festejos, circunstancia que se ha ido ampliando y enriqueciendo a lo largo de los siglos, marcando dos planos claramente nítidos: por un lado aquellos propiamente religiosos y, por otro, los que tienen un carácter más lúdico y desacralizado (…).

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