Pregón de las Fiestas de San Benito Abad. La Laguna 2022 (IV). Por Candelaria González Torres

Podríamos seguir horas y horas nombrando a cientos de personas importantes, pero…

no son estos los más destacados, las personas más importantes de esta ciudad son los que no salen en los libros de historia, los que no cuelgan cuadros en galerías de prestigio o salen en los periódicos. Los vecinos más importantes son los que trabajan día a día por conseguir un sustento, los que saludan a voz en grito de una acera a la otra, la dependienta del supermercado y de la tienda de ropa, el migrante que llegó y montó su negocio y ahora es un lagunero más. ¿Quién no se ha comido alguna vez un perrito caliente de casa Peter?, Peter Larsen que vino desde Dinamarca y montó su primer negocio en 1968 en La Milagrosa para mudarse poco después a su ubicación en la calle San Agustín donde estuvieron muchos años, o ¿quién no ha comprado alguna piecita de ropa en Wehbe? Allá por el año 1934, cuando la inmigración en España era una anécdota, Ahmed Mohamed Wehbe, conocido como Don Amado llegó desde Líbano a la isla de Tenerife y años después se convirtió en el propietario de una de las tiendas de ropa más populares de la isla.

 Y como ellos tantos y tantos que se despiertan cada mañana orgullosos de vivir en una ciudad acogedora y hermosa, los que se toman el café en el bar de la esquina, porque qué decir de La laguna y sus bares. Conocido es el dicho que dice: “La laguna es el único bar que tiene universidad”. O como reza la copla: “Laguna, ciudad bravía entre antiguas y modernas más de quinientas tabernas y una sola librería”.

Muchos de ellos han sido históricos como el Maquila, Casa dos y una,  Casa Micaela, El Tocuyo, lugar de encuentro de innumerables generaciones de universitarios que llegaban a degustar sus cuartas de vino con vino, tomates aliñados y almogrote,  mientras pisaban las cáscaras de los manises que sin reparo se tiraban al suelo. El Benidorm y el bar Carrera, cafeterías con solera en la ciudad,  El Venecia que fue una conocida heladería en sus inicios y que hoy en día es una de las cafeterías más concurridas de la ciudad. Algunos echamos en falta esos bares donde poder sacar una guitarra y echar unas coplas, como hacíamos en el Patio Canario o en el Pub La Parranda. Seguro que me dejo muchos en el tintero y que ustedes ahora estarán recordando. Todos ellos hacen especial a La laguna,  un municipio vivo que avanza con los tiempos modernos, pero que no deja atrás sus tradiciones más arraigadas.

La laguna, ha tenido y tiene sus propios “personajes”. Personas anónimas que se convirtieron en actores indispensables en el gran decorado de la ciudad de los adelantados.

Elvirita. Con sus labios pintados de rojo, vestida de un negro desteñido y cargada con sus bolsas en las que llevaría quién sabe qué. Recaudando fondos para su legión de perros. Como contaba Julio Fajardo: …(Elvirita era entrañable defensora de la moral entre noctámbulos, borrachos y balas perdidas que nunca comprendieron su soledad de pan y mantequilla y que entablaron con ella duelos amagados en los que recibieron algún que otro paraguazo. Un compendio de la ciudad: del día y de la noche, de su señorío holgazán, de sus artesanos laboriosos, de sus tarambanas y de sus borrachos ilustres. Todo ello vigilado por su Cristo a quién tenía encomendada, juntamente con su esfuerzo, la salud de sus perros.)

Eladia con su carrito de rosquetes que vendía en La concepción.

Alberto “el medallas” que motu proprio decidió dedicarse a la organización del tráfico rodado de la ciudad ataviado con sus medallas de hojalata al tiempo que piropeaba a las muchachas a grito de “encantadorita”.

Doña Concha que vendía La Tarde cantando con el paquete de periódicos bajo el brazo.

Coco y Alonso, con sus míticas hogueras de San Juan.

Francisco Fariña Izquierdo barbero que gustaba de gastar bromas y burlas a sus clientes puso de moda hablar al revés, o al vérres. Y en lugar de decir Hola cómo estás, decía Laho moco taes…

Zenón el fotógrafo que antes de que se pusiera de moda el Photoshop ya él retocaba las fotos en blanco y negro con unos sutiles trazos a lápiz, dando expresión a la mirada añadiendo alguna que otra pestaña o perfilando los labios del retrato.

Jesús El danone, apodado así por lo guapo que fue en su juventud. Jesús es un ejemplo de esos personajes “oscuros” que también tiene cualquier ciudad que se preste. Personas que se vieron envueltos en ese mundo devastador de las drogas que les convierte en meros deambulantes por la vida hasta que les llega su hora.

Un personaje muy aplaudido en la romería de San Benito era Mateo Galván, que cargaba la carreta de trigo hasta los topes.

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