Pregón de las Fiestas de San Benito Abad 2025 (III). Rosa María Aguilar Chinea

El libro “Mujer y vida cotidiana en Canarias en el siglo XVIII” del catedrático Manuel Hernández, lo deja claro: ante la emigración, la mujer campesina se convirtió en la única fuerza de trabajo disponible.

Ellas trabajaban la tierra, criaban a los hijos, caminaban veredas cargando productos a cuestas, participaban en los intercambios, en la exportación, en el comercio local. Las madres iban con sus hijos de pocos años a “cabalgarlas fincas”, como decían entonces. Y cuando no alcanzaba el jornal, inventaban el trueque, el ingenio, la paciencia. Algunas, en la miseria más cruda, tuvieron que recurrir incluso a lo impensable para alimentar a sus hijos. Porque cuando se tiene hambre, el juicio es otro.

Y, sin embargo, nunca dejaron que faltara el pan, ni la palabra, ni la dignidad. Fueron madres, agricultoras, pastoras, artesanas, curanderas, tejedoras. Y sobre todo, fueron el alma de nuestros pueblos. Fueron raíz, sostén y semilla.

Y mientras ellas hacían florecer los campos y criaban a sus hijos solas, no dejaron que se apagara la fe. Tampoco dejaron que se perdiera la fiesta.

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