El Pregón a tres voces de las Fiestas de Bajamar en honor del Gran Poder de Dios 2017 (I). Por Carlos García

El pasado sábado tuvo lugar la lectura del Pregón de las Fiestas de Bajamar 2017, este año tuvo la peculiaridad que corrió a cargo de Carmen Toral, María del Carmen González (Mica) y Carlos García, que son ademas autores de libro Bajamar un pueblecito norteño, que se presentará en los próximos días.
¡BUENAS TARDES A TODOS, AMIGOS, RESIDENTES Y VISITANTES DE
BAJAMAR….DAMOS COMIENZO AL PREGÓN DE LAS FIESTAS DEL GRAN
PODER DE DIOS ¡
Pregonar es publicar en voz alta una cosa para dar noticia de ello a todos. Pero también es alabar en público los hechos o cualidades de un lugar, de un pueblo o una ciudad.
Los pregones se hacen para anunciar un edicto, un acontecimiento o una fiesta y con el tiempo fueron perdieron su carácter informativo y pasaron a convertirse en una forma de realzar o ensalzar aquello que, aunque se sepa, se pregona.
El pregonero era el empleador público que se encargaba de leer en voz alta los avisos y los bandos municipales que se querían hacer saber a la población. Hoy, en cambio, ha quedado relegado a ser el anunciador del comienzo de las fiestas en los pueblos pero se ha convertido, según dicen, en un verdadero género literario, que, aunque menor, adquiere cierta importancia.
El pregón de las fiestas de una localidad debe estar lleno de experiencias y sentimientos personales por quién lo realiza. Este año, tienen ustedes, la ocasión de escuchar el pregón de las fiestas de Bajamar a tres voces, motivado por la invitación que la Comisión de Fiestas, que repite nuevamente, ha cursado con gran amabilidad a nuestras personas.
A nosotros nos cabe el honor de tomar parte en los festejos de 2017 y tenemos la misión de dar cumplimiento de la apertura oficial de los mismos, a la espera de que sean rememorados y pasen a formar parte del recuerdo de nuestras mentes, no como las de unas fiestas cualquiera sino como las de unas fiestas importantes, que trajeron y aportaron cosas nuevas para el realce y mejor conocimiento de Bajamar; no en vano, entre los tres, hemos podido escribir un libro que habla de la historia, de la evocación de las cosas del pueblo, de nuestros edificios emblemáticos, de nuestras piscinas, de nuestra gente y que en breve será presentado de manera oficial; y tendremos la fortuna de conocer un reportaje documental filmado que nos resultará evocador y cercano a todos y que hará, así lo esperamos, que estas fiestas que hoy comienzan, sean un referente para las próximas que vengan.
Antiguamente las calles estaban llenas de pregoneros. Quién no recuerda aquellos gritos, aquellas voces que decían: “pescado, pescado fresco…..el afilador…..las moras, a las ricas moras…..”. Eran los vendedores callejeros y ambulantes que anunciaban sus mercancías con un grito o con un pregón que tenía reminiscencias musicales.
Y también las campanas fueron otras pregoneras, fueron las voces de los pueblos, la comunicación entre los vecinos y feligreses, anunciando las festividades, informando sobre acontecimientos locales, refiriendo sucesos y dando noticias de peligros o alarmas.
En épocas muy antiguas las campanas se utilizaban para distintos fines. Así los romanos anunciaban la apertura del mercado y la hora de los baños; o para anunciar el ajusticiamiento de los criminales o para informar sobre sucesos meteorológicos.
En las grandes efemérides y festividades que conmemoran los aniversarios de los Cristos, Vírgenes y Santos, las campanas suenan con alegría; mientras, en la Semana Santa no se tocan hasta el momento de la Resurrección. Y existen toques diferentes como los de bendición, los realizados para las novenas, para las pascuas, para las procesiones y para las festividades, los de oración, para el alba o el angelus; y los toques tristes para los funerales, a fuego, a rebato…Y existen toques de primera clase, segunda y tercera según sea la técnica del repique y las campanas utilizadas.
Y en el siglo XVI se utilizaron para el anuncio de catástrofes, invasiones, fuego, mezclándose, desde entonces, los avisos religiosos con los civiles.
En resumen, las campanas son instrumentos musicales que con sus voces metálicas pregonan multitud de acontecimientos siendo su sonoridad lo más importante de sus elementos, mucho más que el tamaño o el peso y que viene dada en función de la nobleza y aleación de sus metales.
Hoy venimos aquí a gritar, a pregonar estas antiguas, estas centenarias fiestas del Cristo del Gran Poder, de las que tenemos constancia escrita se celebraban desde 1899 cuando actuó la Banda de Música La Fe de La Laguna, y en la que se ofrecieron ejercicios gimnásticos, elevación de fantoches, cantos de folías y malagueñas y carreras de sortijas en bicicleta, según nos informan las crónicas.
Desde entonces las Fiestas de Bajamar se celebran anualmente y son las fiestas de nuestro pueblo, nuestras propias fiestas. Y no debemos olvidar nuestra historia, incluso nuestras leyendas y no ignorar todos los caminos que otros han andado y que desembocan en el mismo punto, aquí, confluyendo en la ermita de la advocación del Cristo del Gran Poder.
Es nuestro deber como pregoneros decir y recordar detalles y circunstancias que pongan en su lugar justo y resaltar la importancia de Bajamar para conocimiento de todos, lugareños y foráneos.
Interesa conocer que el topónimo Baxamar, con equis, el que le da nombre a la zona, lo encontramos muy tempranamente tras la conquista de la isla de Tenerife, ya que aparece descrito en 1557, y que estuvo ocupado territorialmente por parte de los primeros habitantes de Tenerife, los guanches, desde antes de la conquista, localizado dentro de lo que ocupó originalmente el Menceyato de Tegueste.
Y no existe ninguna referencia que nos aclare la razón de esta nominación ya que si consideramos que el fenómeno de la pleamar y de la bajamar ocurre en toda la costa, en todo el litoral bañado por el océano, muchas otras localidades también se llamarían con igual nombre y, en Tenerife, no se conoce otro sitio llamado así. Por tanto, debe existir otra razón que fuera la que le dio el nombre y sería probablemente la que tuviese relación con los abrevaderos de agua dulce que afloraban en los charcos de la costa, tan frecuentes por aquí, que solo aparecen cuando baja la marea, en la bajamar, momento en que pueden ser utilizados esos manantiales para dar de beber a los ganados. La importancia del agua dulce en los momentos posteriores a la conquista de la isla con los asentamientos de los primeros colonos tras los repartimientos de las tierras, fue primordial no solo para los regadíos agrícolas sino para los ganados existentes. Y esa forma de denominar la zona, siempre en relación con los charcos y fuentes de agua dulce que aparecían en el momento de bajar la marea, podría haber condicionado definir a esta zona del litoral como la zona de la bajamar. Zona que abarca desde la Punta de Tejina al oeste, hasta la Punta del Hidalgo al este, este bello espacio geográfico comprendido entre el barranco Agua de Dios, el Parque Rural de Anaga y la línea litoral.
Como decimos, desde poco después de la conquista sabemos que Bajamar fue lugar de cultivo de tierras y así nos recuerda Francisco Báez en su obra La Comarca de Tegueste que en las datas de regadío, repartidas por el propio Adelantado Fernández de Lugo, aparece Guillén de Betancor con tres fanegadas de tierra en el sector de Baxamar, primera referencia escrita al topónimo, que lindaban con las tierras del gomero Pedro Mejías, demostrándose así que desde muy tempranas fechas existió un tipo poblacional de gentes asentadas por aquí.
No obstante, recordar que el poblamiento inicial de Bajamar se efectúa junto a la desembocadura del barranco de San Juan, en su margen izquierda, que es el mismo que el barranco de Vargas que penetra en el macizo de Anaga. Y el poblado inicial se construye alrededor de la ermita de la Cruz, luego del Gran Poder, de esta en la que hoy nos encontramos, pero que antes tuvo otra, la antigua ermita de San Juan Bautista, de las más antiguas de la zona, pues data del siglo XVII. En estos lugares se asentó la población que, extrañamente, a pesar de su cercanía al mar, tuvo poco de pescadores, en contraposición con la Punta del Hidalgo, o con el cercano Jóver tejinero, dando la espalda al mar y siendo, básicamente labradores, agricultores, con algún que otro pastor. Este núcleo vecinal, a comienzo del siglo XX contaba solo con 135 habitantes, siendo tres los apellidos iniciadores de este asentamiento: los Méndez, los Martín y los Alonso y algo después los Rodríguez.
Y fue por aquí, por esta misma costa, por donde entraban y salían embarcaciones que llevaban o traían productos o mercancías obtenidas en los alrededores, utilizando un embarcadero que vigilaba y custodiaba un militar, el Alférez Francisco Suárez de Armas, encargado de evitar cualquier desembarco enemigo, cualquier ataque, cualquier acción de piratas o para controlar el contrabando. Fueron importantes estos embarcaderos como los existentes en Jover, o en La Punta, y al que sumamos el propio de Bajamar.
A raíz de todo esto terminó por construirse en 1771 un recinto amurallado y artillado con tres cañones, la Batería de Tejina, conocido como el Castillo de Bajamar que aún le da nombre al sitio, que fue derruido en el terrible aluvión que azotó la isla en 1826, aunque parte de sus sillares, de las piedras de su muralla, se conocieron hasta principio de 1950.
Las fiestas de un pueblo, las fiestas patronales, sirven y constituyen un medio para afianzar y potenciar la identidad de sus vecinos dándole una mayor cohesión social; y es el modo de expresar la diferenciación con otros, fundamentalmente con la presencia y uso de su patrón, como un símbolo, en este caso con la de Jesús del Gran Poder, rivalizando y teniendo incluso piques con poblaciones cercanas.
Mucho más podríamos hoy recordar y dar a conocer con este pregón, en cuanto a aspectos de Bajamar para su mejor conocimiento y realce, que es lo que se nos ha encomendado, y tan alto honor, para nosotros tres, es poder manifestar nuestra gratitud, nuestro cariño por este pueblo que sentimos como propio, en el que hemos desarrollado parte de nuestra existencia, aunque fuera de manera no habitual ni constante, sirviendo siempre como refugio para disfrute y descanso de nuestras convulsas y ajetreadas vidas en ciudades mayores.
Pero que no todo quede en recuerdos del pasado, en tradiciones y hechos históricos. Deberíamos introducir además algo del futuro, algo del progreso de Bajamar, pues no deben estar reñidos ambos conceptos: tradición y progreso.
Se pueden conjuntar, y creo que se deben conjuntar, manteniendo al pueblo de Bajamar tal y como es, sin perder su esencia, sin perder su olor tradicional. Eso sí, sin renunciar a su progreso, a su desarrollo económico, porque parece que nos empujan a elegir entre una cosa o la otra y este es el error. Un buen desarrollo económico no tiene que hacer imposible el conservar rasgos históricos y tradicionales y este pregón no quiere solo quedarse como un canto de tributo al pasado; quiere, también, hacer un canto al futuro. Si Bajamar fue hace unas décadas punta de lanza en el desarrollo turístico de la zona y la comarca… ¿por qué no puede, nuevamente, convertirse en referente de un progreso social y ciudadano?
Que no todo sean cuestiones que pertenezcan al pasado, aunque sin historia tampoco se llega ni se avanza al presente ni al futuro. Falta aún bastante para que el desarrollo de Bajamar llegue a asemejarse a etapas anteriores. Y sin grandes cambios para mantener esta esencia personal del lugar, le falta infraestructura hotelera, con creación de puestos de trabajo; le falta inversión no solo económica sino, además, cultural, social y comercial; y esto se puede lograr sin renunciar a las raíces, a la esencia de sus gentes, al “olor peculiar” que tiene Bajamar.
Por eso, en el comienzo de sus fiestas, en el momento de su pregón, queríamos pregonar estas ideas y estos deseos, que no solo de celebraciones festeras viven los pueblos. Por eso, por todo ello, Bajamar, hoy te hemos pregonado.
Carlos García
