ORIGEN Y PRIMEROS PASOS DE LA COFRADÍA DE LA SANGRE EN EL SIGLO XVI (II ÚLTIMA). El próximo domingo es el día en honor al Señor de la Cañita en La Laguna

Por/ Carlos Rodríguez Morales

Antiguo Convento de los Agustino 

Queda aún por conocer cuándo empezó la cofradía a tener un carácter penitencial y a salir en procesión la noche de cada Jueves Santo. Una provisión de la Real Audiencia de las Islas, de 1574, remonta el comienzo de esta costumbre prácticamente a los inicios de la corporación, en la segunda década del siglo XVI. Es posible que a ella se refieran varios mandatos registrados en el archivo parroquial de Nuestra Señora de los Remedios. En 1575 Juan Salvago mandó que «el Juebes Santo, quando salieren en la procesión con los disciplinantes, salgan temprano a ora de las ocho poco más o menos y que así los clérigos como los legos vayan con toda deboción como se requiere», disponiendo además que no se consintiese «ir los ombres entre las mujeres por escusar incombenientes y murmuraciones».

Años después se impuso un cambio en la hora de salida del cortejo. Cuando en 1588 visitó la misma iglesia el obispo Suárez de Figueroa ordenó «que la procesión de la disciplina que se hace el Juebes Santo salga de aquí adelante desde las tres de la tarde en delante de manera que quando la dicha procesión se acabe de hacer no sea de noche, so pena que los mayordomos de la dicha cofradía que el contrario hicieren incurran en pena de excomunión y de seis ducados». En otro mandato del mismo año, el control sobre este horario y la negativa a que la procesión tuviese lugar de noche es tajante al ordenarse que «donde quiera que se les pusiere el Sol paren sin proseguir más en la dicha procesión y si no obiere sol claro que acaben con media ora de día».

Parece, sin embargo, que estas disposiciones no fueron bien acogidas, pues en 1596 la cofradía defendió su derecho a procesionar en su horario habitual. Las informaciones recogidas con este fin nos proporcionan, además, valiosos datos sobre el cortejo. Según la declaración testifical del regidor Bernardino Justiniano, salía del convento a las ocho de la noche «por ser la propia hora en que nuestro Señor comenzó a derramar sangre», y visitaba todas las iglesias de La Laguna. Participaban la Justicia, los regidores:

«y todos los vesinos de la ciudad, y otros que bienen de los lugares del contorno della, la qual dicha prosesión es de mucha debosión porque salen en ella los hermanos con sus túnicas blancas con hachas e belas ensendidas y otros con disciplinas y otros con otros géneros de penitensia, y es tenida y abida por una de las prosesiones solenes y de gran debosión que se haze en estas yslas de Canaria, la qual dicha prosesión suele salir e sale del dicho convento acompañada de los frayles dél y de la clerezía con la ymagen de nuestro Señor Jesucristo Crucificado y de su bendita Madre, con las ynsinias de la Pasión.

Puede entenderse además que tomaban parte otras personas que, sin pertenecer a la cofradía, se unían a los hermanos en su mortificación, pues se intentó mantener el horario nocturno alegando que así podría asistir esta «gente común con sus disciplina y penitencias (…) gente pobre que anda en el campo (…) abiendo cumplido con sus trabajos e menesteres». Pero no se soslaya tampoco el atractivo escénico de la ceremonia: «porque yendo de noche la dicha prosesión tan proveyda de lumbres y con gente tan dispuesta a penitensia proboca a más debosión». De hecho, Justiniano hizo notar que en los dos últimos años, en los que por mandato del juez eclesiástico había pasado a horas diurnas, «ay menos gente en la dicha prosesión y menos disyplina».

Otra declaración testifical, la del mercader Juan Agustín, ofrece una interesante precisión sobre el atuendo de los penitentes, en su mayoría «gente común» o «pobre», que por carecer de túnicas salían «cubiertos los rostros con tocas, y otros la mayor parte de sus cuerpos desnudos con sus pañetes y calsones, lo qual hazen por ser de noche». Fue ya a mediados del siglo XVII cuando los cofrades dejaron de sacar al Crucificado en procesión y decidieron sustituirlo por una imagen del Ecce Homo, es decir, de Jesús en el paso de su coronación de espinas. Así, de alguna forma, se cerró la primera gran etapa de la historia de la Cofradía, una historia sobre la que preparamos una publicación para el año que viene y de la que este pequeño artículo supone un avance.

También te podría gustar...