ORIGEN Y PRIMEROS PASOS DE LA COFRADÍA DE LA SANGRE EN EL SIGLO XVI (I). El próximo domingo es el día en honor al Señor de la Cañita en La Laguna

Carlos Rodríguez Morales
La Muy Antigua y Venerable Hermandad de la Sangre y de la Santa Cruz se dispone a celebrar quinientos años de historia. Una historia en dos entregas, como sucede con algunas novelas; pero una misma historia, al fin. Cuando la Hermandad se fundó en el verano de 1950 no lo hizo partiendo de cero: su imagen titular (el Ecce Homo), su denominación (la Sangre) y su sede (la Iglesia de San Agustín) fueron heredadas de la que había sido, posiblemente, la primera cofradía penitencial de la ciudad, cuyo origen se remonta quizá a 1513 y con seguridad a 1514.
Igual que había pasado a comienzos del siglo XVI, también a mediados del siglo XX la Hermandad de la Sangre fue la pionera en el proceso de renovación experimentado en las celebraciones de la Semana Santa de La Laguna. A su fundación sucedieron las de la Cofradía de la Flagelación (1951), la Misericordia (1952), el Nazareno (1954), las Caídas y el Lignum Crucis (1955), por citar las formadas en los años inmediatamente posteriores; y sus cofrades fueron los primeros en salir aquí en procesión con capirote, el Miércoles Santo de 1951, que podría considerarse simbólicamente el «día 1» de la nueva Semana Santa lagunera.
La tradición, recogida en la segunda mitad del siglo XVII por el cronista Juan Núñez de la Peña, ha vinculado la fundación de aquella cofradía al adelantado Alonso Fernández de Lugo y a otros conquistadores que «derramaron su sangre i arriesgaron sus vidas en servicio de las dos magestades, divina y humana». Aunque ciertamente la corporación remonta su actividad a los primeros años de la entonces villa de San Cristóbal, es probable que radique en el concierto suscrito el 1 de diciembre de 1513 entre la comunidad agustina del Monasterio del Espíritu Santo y Alonso Báez, un atahonero portugués, por el que los frailes se obligaban a oficiar una misa cantada todos los viernes del año «a onor e reuerençia de la Sangre de nuestro Señor e Redentor Jesuchristo» y a conceder «todas las gracias e yndulgençias que la dicha Horden tiene» tanto a Báez como a quienes él dispusiera.
Precisamente, los métodos de Alonso Báez para filtrar la entrada de cofrades provocaron pronto la oposición de los regidores de Tenerife, quienes en sesión capitular celebrada el 10 de febrero de 1514 plantearon «que a su noticia era venido que un Alfonso Váez, atahonero, avía quisido inventar e inventado una cofadría» y manifestaron sus reticencias a los métodos del fundador «y es de creer que fue con mala intención, tomándoles ciertos juramentos públicamente de qué generación heran, haziendo devisión y apartamiento, y a resultado en mucho escándalo».
El Concejo instó a la Justicia a que se informase y castigase con rigor a Báez, «como a persona escandalizadora e que a delinquido». El licenciado Lebrón, teniente de gobernador, se mostró dispuesto a recibir información y a «hazer justicia». El texto de la nota marginal resume perfectamente el espíritu de este acuerdo: «Contra la cofadría que se fizo en el Monesterio de Santo Espíritus». No obstante, apenas unos meses después, en julio de ese mismo año, Martín Fernández dispuso en su testamento la entrega de un real y medio de limosna «a la Cofradía de la Sangre de Jesuchristo». Además, noticias de los años siguientes confirman que siguió existiendo, pues con cierta frecuencia algunos vecinos solicitaron en sus testamentos que la cofradía, con su cera, acompañase sus entierros. Entre ellos guanches, como Gaspar Fernández, y mujeres, como Beatriz Hernández y Luisa Rodríguez.
Continuará mañana Miércoles Santo, en La Laguna Día del Señor de La Cañita
