Los Joroperos deslumbran en el concurso de comparsas con un espectáculo de nivel internacional. Por Julio Torres

Cuando el jurado baila con los ojos cerrados
El carnaval volvió a regalar una gala llena de ritmo, color y talento. Hasta ahí, todo bien. El problema empieza cuando el espectáculo se sube al escenario y la justicia se queda en la butaca… mirando para otro lado.
‘Los Joroperos’ ofrecieron un show de nivel internacional. No es una frase hecha ni un cumplido de compromiso: fue una puesta en escena cuidada, potente, con calidad interpretativa y una estética que no desentonaría en ningún gran carnaval del mundo. Fueron, sin discusión, una de las grandes atracciones de la noche. Y sin embargo, otra vez, el jurado decidió que eso no merecía el máximo reconocimiento en Interpretación.
El Primer Premio fue para ‘Los Cariocas’, el Segundo para ‘Los Joroperos’ y el Tercero para ‘Danzarines Canarios’. Todo muy correcto en el papel, pero profundamente discutible sobre el escenario. Porque si algo quedó claro es que ‘Los Joroperos’ no solo bailaron: contaron, emocionaron y construyeron un espectáculo completo. Y eso, en un concurso de comparsas, debería pesar más que cualquier otra cosa.
Lo curioso —o lo preocupante— es que no es la primera vez. “Un año más”, como quien dice. Un año más en el que el jurado parece olvidar lo que acaba de ver. Un año más en el que la excelencia se premia, sí, pero con la boca pequeña.
En Presentación, el veredicto fue otro: ‘Bahía Bahitiare’ se llevó el Primer Premio, ‘Los Cariocas’ el Segundo y ‘Los Joroperos’ el Tercero. Bien. Pero vuelve a quedar esa sensación rara: ¿de verdad un espectáculo que deslumbra en escena tiene que conformarse siempre con quedarse a las puertas de lo grande?
El problema no es que haya diferentes gustos. El problema es cuando la distancia entre lo que ve el público y lo que dictamina el jurado se vuelve un abismo. Y ahí es donde cobra sentido ese dicho del campo: “para la gente del campo un juro es un hueco”. Un vacío. Un espacio que, si no se cuida, acaba permitiendo que cualquiera pueda sentarse a juzgar sin estar a la altura de lo que tiene delante.
El carnaval merece jurados que no solo miren, sino que entiendan. Que no solo puntúen, sino que sientan. Porque cuando un grupo se deja la piel y ofrece un espectáculo de nivel internacional, lo mínimo es que la justicia no salga disfrazada de costumbre.
