Las Elecciones Generales de hace 40 años (y III)
Hoy se cumplen 40 años de las Elecciones Generales de 1977
(…) Suárez y la UCD contaron con otros factores propicios. Primero, el papel de Alianza Popular como polo de atracción del voto más franquista. Los siete magníficos, encabezados por Fraga Iribarne, se empeñaron en captar el voto del pasado y del miedo –Carlos Arias Navarro, presidente del último gobierno franquista, era candidato al Senado por Madrid-. Fraga tampoco contribuyó a crear una imagen moderada; no dudaba en enfrentarse a provocadores y manifestantes que le injuriaban. Durante un mitin en Lugo, se quitó la chaqueta y al grito de “a por ellos”, capitaneó a un grupo de militantes que a la carrera se dirigieron a desalojar a los reventadores.
También la división de la izquierda jugó favor de Suárez. El PSP de Tierno Galván consiguió más de 800.000 votos –UCD obtuvo escasamente un millón de votos más que el PSOE-. Si el partido de Tierno hubiera concurrido con el PSOE, el resultado de los socialistas habría sido espectacular.
Otro de los grandes aciertos de Suárez fue la presencia en las elecciones del PCE. En el diseño inicial de la reforma, tanto Suárez como el PSOE –influido por Willy Brandt y el ejemplo alemán- no incluían la legalización inmediata de los comunistas, pero Carrillo maniobró hábilmente para forzarla. Se presentó en Madrid, forzó su detención y obligó al Gobierno a tomar una decisión. Adolfo Suárez, con una gran visión política y táctica, apostó por la legalización del PCE y cobró dos piezas de un tiro: la presencia de los comunistas era la prueba definitiva de que la transición y las elecciones eran absolutamente democráticas y homologables a la mayoría de países europeos. Y de rebote, la presencia electoral del PCE dividía más a la izquierda.
La campaña de los comunistas fue escasa en medios, pero también en ideas. Su publicidad era bastante lúgubre, subrayando su pasado de principal fuerza opositora al franquismo, pero con muchas dificultades para superar las reticencias de una buena parte de la sociedad española, influida por la propaganda de la dictadura durante 40 años.
Sin duda, la campaña más eficaz fue la del PSOE. Junto a una imagen moderada lanzó a un líder joven y con futuro. Apoyados por los socialdemócratas alemanes del SPD, disponían de un aparato poderoso que habían venido preparando desde 1973, cuando fundaron la sociedad anónima ITE-PSOE, dedicada a realizar estudios de opinión y elaborar estrategias políticas. Además, viajaron a otros países y aprendieron insitu las más modernas técnicas electorales. La campaña de 1977 les permitió darse a conocer –Felipe afirmó que hubiera necesitado unas semanas más para ganar-, movilizar a miles de ciudadanos y convertirse en la fuerza hegemónica de la izquierda pese a su escasa actividad durante el franquismo.
El 15 de junio de 1977 era miércoles. Se eligió un día laborable –con permiso retribuido de cuatro horas- para asegurar una alta participación. La jornada fue bastante tranquila, con una quincena de pequeñas explosiones y algunas bombas desactivadas, atribuidas a la extrema derecha. Votó el 78,89% del censo electoral. La mayor abstención se registró en las cuatro provincias gallegas (47% en Orense). El recuento duró dos interminables días. La nula experiencia y el gran número de listas ralentizó el escrutinio, pero no hubo intencionalidad política de retrasar o maquillar los resultados y los partidos aceptaron con estoicismo el lento goteo de datos. En Catalunya a las tres horas del día 16 se había escrutado apenas el 11% de los votos. En España los primeros resultados provisionales llegaron a primeras horas de la tarde del día 16. Las principales tendencias del voto empezaban a dibujarse y se consolidaron el día 17 con el 95% de los votos escrutados.
Suárez había logrado revalidar en las urnas su liderazgo. La UCD obtuvo una mayoría cómoda, 166 escaños –a diez de la mayoría absoluta-, que le permitiría presidir un nuevo gobierno con respaldo suficiente. El sistema electoral, tan laboriosamente diseñado, había funcionado con gran precisión. La coalición centrista con el 34,44% de los votos había obtenido el 47% de los escaños. Los 118 diputados obtenidos por el PSOE sorprendieron a casi todos –menos a sus avezados dirigentes-. El PCE, con 20 escaños, y Alianza Popular, con 16, obtuvieron resultados muy por debajo de sus expectativas y deberían conformarse con jugar un papel secundario. En el País Vasco –PNV con 8 escaños- y en Catalunya –Pacte i UDC sumaban 13- confirmaron el protagonismo de los partidos nacionalistas moderados.
A diferencia de la mayoría de España, en Catalunya venció la izquierda. La primera fuerza, a gran distancia en número de votos, fue el PSC-PSOE (15 escaños), seguidos de Pacte Democràtic (11); UCD (9); PSUC (8)- pese a ser el segundo partido más votado-; UDC (2); ERC (1) y AP (1).
Pero más allá del reparto de escaños, la principal conclusión fue que se había impuesto el voto moderado en izquierda y derecha. Entre UCD y PSOE sumaban casi el 70% de los votos. El bipartidismo imperfecto que ha caracterizado el mapa político desde entonces empezaba a dibujarse. El 15 de junio de 1977, los españoles, vacunados por el recuerdo de la Guerra Civil, rechazaron el extremismo y consagraron el centro como el espacio decisivo donde se dirimiría la conquista del poder.
