La Villa de La Oratava celebra hoy su Corpus y sus Alfombras

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Francisco González Díaz, un grancanario de Las Palmas las vio así en 1914

Acabo de asistir a la procesión de la octava del Corpus en esta deliciosa Villa y acabo de ver sus alfombras de flores. Merecen la fama que desde antiguo gozan, constituyendo una singularidad extraordinaria, una especialidad sorprendente. Para fabricarlas, un pueblo entero conviértese en artista, las familias más distinguidas le consagran sus desvelos, y desde mucho antes del jueves solemne en que se exhiben, todo el mundo piensa en ellas. Son la preocupación general de los orotavenses.

A quien, como yo, las contempla por primera vez, tienen que parecerle originalísimas, tan originales que creo valdrían ellas solas la pena de un viaje a la Orotava por los días alegres de junio para verlas y admirarlas. Arte verdadero, arte delicado, preside a su confección.

La Villa encantadora improvisase en inmenso taller de tapicería, donde con las flores del Valle se hacen prodigios que no sabe mi pluma describir. Las floridas afombras cubren las calles como esplenididas álcatífas del más puro estilo mil caprichos ornatnentales, delicadezas, filigranas, atraen y cautivan los ojos. Frente a algunas casas, extiéndese tapices de una magnificencia imperial.

¡Qué preciosidad! No se cansa uno de recrearse en contemplar las combinaciones de colores, las sombras, el claro-obscuro, los contornos, la composición y perspectiva del cuadro, porque un verdadero cuadro es aquello, un cuadro donde hay matices y perfumes, un cuadro donde los pétalos olorosos, hábilmente dispuestos, imitan el trabajo del pincel.

(fragmentos del libro «A través de Tenerife», de Francisco González Diaz.)

Francisco González Díaz nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1864 y falleció en Teror en 1945. Fue uno de los periodistas y oradores más prestigiosos del Archipiélago en el primer tercio del siglo XX y emprendió importantes campañas cívicas, como la desarrollada a favor de la reforestación de Gran Canaria. Espíritu inquieto y curioso, vaticinó que el futuro de las Islas estaría en el turismo. En 1914, invitado por la Asociación Canaria de Cuba, pasó a la isla antillana en misión cultural, y actuó de mantenedor en representación de España en unos solemnes Juegos Florales. Entre sus obras más importantes se pueden citar Arboles, Niños y árboles, A través de Tenerife, El viaje de la vida, Especies, Cultura y turismo, Visiones del mar y de la playa, Tierras sedientas, Cuentos al minuto, La Gran Guerra, Teror y Un canario en Cuba. González Díaz también practicó en la poesía en libros como Pasionarias y Para el perdón y para el olvido.

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