La Venerable Hermandad del Santísimo Rosario (II). Por Julio Torres Santos

La renovación generacional y el esplendor de nuestros días
Un grupo de jóvenes nacidos a finales de los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo XX serán los artífices de que la Venerable Hermandad del Santísimo Rosario se convirtiera en señera de la Semana Santa lagunera, al interesarse y esforzarse por estrenar, cada año, piezas de incalculable valor artístico, las cuales engrosarían y engrandecerían el patrimonio cofrade lagunero; o, lo que es lo mismo, el patrimonio de nuestra querida Ciudad, Muy Noble, Leal, Fiel, de Ilustre Historia, Episcopal, Universitaria y Bien Patrimonio de la Humanidad.
Aquella Hermandad del Rosario de mediados de los años setenta y su Sección Penitencial procesionaban el Jueves, Viernes y Sábado Santo. Es en está época cuando ingresan los niños y niñas Jesús Gil García, Santiago Martín, Pedro Arvelo, Juan Martín… entre otros.
Aquellos niños de entonces son los cofrades que hoy dirigen los destinos de la “Venerable Hermandad del Santísimo Rosario, Nuestra Señora de la Soledad y el Santísimo Cristo Resucitado”, aupándola, sobre sus hombros –permítanme la metáfora- hasta las cotas más altas, jamás conocidas en la Semana Santa lagunera moderna (es decir, desde 1951, cuando arriban a La Laguna, capirotes, hábitos, palios,…).
Por aquellos años, el ingreso en esta Hermandad no difería en mucho del de las demás, salvo por tener una Escolanía Infantil y facilitar los hábitos (conformados por una túnica, un cíngulo y una esclavina) a las familias que los solicitaban, con lo que se creaba “cantera”. Esta visión de futuro de la Venerable Hermandad es la que está dando hoy sus frutos.
