La Laguna, sin gas pero también sin mentiras. Por José Alberto Díaz

El pasado noviembre mantuve una conversación telefónica con el portavoz del grupo municipal Unidos se Puede en el ayuntamiento de La Laguna, Rubens Ascanio. Como alcalde me dirigí a él -representante del más nutrido grupo de la oposición municipal- para articular un frente común sobre la solicitud de autorización administrativa de la Dirección General de Industria del Gobierno de Canarias con el fin de establecer instalaciones de distribución de combustible gaseoso en nuestro municipio.
Mi idea era muy sencilla: cuanta mayor unidad exista entre todas las fuerzas políticas mayores posibilidades tenemos de que no se imponga el gas como fuente energética en nuestro municipio. Reconozco que la respuesta de Ascanio me sorprendió. Su negativa fue inmediata. Argumentó que su opinión -y la de su plataforma política- era mucho más exigente y global: una apuesta por las energías limpias en La Laguna, en Tenerife y en toda Canarias.
Le comenté que su posición me merecía todo el respeto, pero que como representantes políticos de la ciudadanía de La Laguna deberíamos ocuparnos de La Laguna prioritariamente, y que lo importante, para ganar batallas políticas, era centrarnos en lo que teníamos en común y no en reales o imaginarias diferencias. Fue inútil.
En las últimas semanas he reiterado varias veces mi oposición, como alcalde de La Laguna, a la imposición del gas en nuestro término municipal. Esa es la posición clara y meridiana de los nacionalistas laguneros. Me he reunido con los vecinos de San Lázaro y les he garantizado que ahí no se instalarán ningún depósito por la empresa Relexis, por la simple y suficiente razón de que el planeamiento de la zona no lo permite: se trata de un suelo calificado como rústico.
No veo ventajas en la introducción del gas en La Laguna. No creo que un modelo energético basado en el gas sea el que mejor se ajuste a nuestras necesidades actuales y al futuro desarrollo del municipio. Por eso hemos presentado alegaciones a la solicitud de autorización administrativa de la Dirección General de Industria y agotaré todas la vías políticas, jurídicas y administrativas para que el gas no sea impuesto a La Laguna. Porque así, además, cumplimento un acuerdo plenario de 2016 suscrito por todos los grupos municipales.
Desgraciadamente en esta ocasión esa unanimidad no ha sido posible. Me temo que Ascanio y sus compañeros pretenden patrimonializar política y electoralmente la oposición al gas. No es que las recogidas de firmas o las asambleas obstaculicen el objetivo de evitar la entrada del combustible gaseoso en La Laguna.
Pero un objetivo como este no demanda discursos tremebundos o profecías apocalípticas, sino argumentos técnicos, diálogo razonable y razonado, estudio mesurado de las alternativas, colaboración entre fuerzas políticas, sociales y vecinales de todo el municipio. Porque estamos de acuerdo en el rechazo a la imposición del gas, pero no podemos compartir -y a mí me parece una grave irresponsabilidad- el extraordinario alarmismo que a través de mensajes a menudo disparatados se está difundiendo en asambleas y recogidas de firmas. No al gas, desde luego, pero también no a las mentiras, al alarmismo oportunista y a los profetas de la catástrofe, a todos aquellos que ven en la polarización política y social el único camino para arañar votos.
Alcalde de La Laguna
