La Laguna septembrina: Otro año más septiembre y La Laguna (I). Por Julio Torres Santos

Septiembre ha sido siempre el mes por excelencia de La Laguna. Así lo reflejan los diversos programas, periódicos y revistas que hemos consultado para escribir estas páginas. Por ejemplo, en el programa editado en 1923 podemos leer:
“A más de los actos anunciados, durante el mes de las fiestas se celebrarán algunos otros, que con tiempo se darán a conocer por medio de prospectos”.
Y en el correspondiente a 1928:
“los organizadores de las Fiestas de Septiembre, ha procurado, en este año confeccionar el programa que, por la variedad de sus números actos y sentido cultural de algunos, contribuyera a enaltecer el nombre de La Laguna, proporcionando además a nuestros huéspedes momentos de solaz y de recogimiento espiritual (…).
En cuanto a los festejos populares pretendemos que tengan una nota de buen gusto y originalidad, lo que, de no contar con la colaboración entusiasta de los vecinos, no lograríamos, seguramente (…).
A los pueblos se les sirve compenetrándose en sus tradiciones, velando por su prestigio y encauzando sus actividades por caminos de progreso. A esto tiende nuestra modesta actuación (…)”.
Como revela el nombre de estos y otros programas, los festejos principales de septiembre se celebraban, lógicamente, en honor al Cristo lagunero, pero también tenían lugar otros con objeto de homenajear a la Virgen de Los Remedios, patrona de la diócesis y a San Miguel, copatrono de La Laguna. Estamos hablando de festejos populares, no únicamente de actos religiosos, a los que se limitan ambas celebraciones en la actualidad.
Algunos actos populares
Las Fiestas de Septiembre reunían una multitud de actos populares, tales como carreras de cintas (en automóvil, a caballo o en bicicleta), bailes “de salón” y veladas artísticas o “sacro literarias” en el Teatro Leal, verbenas en la plaza de San Francisco, fiesta en los salones del “Ateneo” de La Laguna, concursos hípicos, batallas de flores, jinkama automovilística, carreras de sortijas, etc. No es nuestra intención reseñarlos todos, tan sólo aquéllos que el paso del tiempo a condenado al olvido. Cuenta Enrique Romeu que en 1661 “las fiestas duran ocho días y en ellas hay comedias, carreras de cintas y ya incitan las famosísimas tapadas con sus bromas y sus chistes a los serios caballeros, en las reuniones de la Víspera”.
