La Laguna septembrina: EL PREGÓN DE “NIJOTA” EN LAS FIESTAS DEL CRISTO DE LA LAGUNA de 1951 (I)

En algún rincón de la Plaza de San Francisco han sido ya dispuestas las potentes recámaras y en la espadaña del Real Santuario del Cristo de la laguna están tensas las cuerdas de las campanas, para responder a los estampidos con sus más alegres repiques del año. Las ondas sonoras de estas secas explosiones de la pólvora y, de estas agudas vibraciones de los bronces del campanario tienen. Ese acierto, un limitado alcance, que no sobrepasa el ámbito de la ciudad. Pero son sonidos de tan remota tradición, que su eco repercute emocionadamente en todos los corazones laguneros, aunque el oído no logre percibirlos. Es así como, a través de una larga hilera de años
Cuyo inicio se pierde en la noche del tiempo, La Laguna anuncia, desde la plaza y la torre de San Francisco, el comienzo del mes de septiembre. Porque éste es el mes de nuestro Cristo, que vale tanto como decir el mes lagunero por excelencia. Recámaras y. repiques son, pues, la vieja costumbre de anunciar las fiestas. Y a nosotros nos sigue pareciendo la más adecuada y la más puesta en razón.
Si septiembre es el mes del Cristo de La Laguna y si el homenaje anual de la isla a la histórica y venerada Imagen constituye la fiesta mayor de la ciudad, ¿que mejor anuncio, pregón o propaganda que el del repique y la pólvora? El primero nos invita a asistir a unos cultos suntuosos en que se pone de manifiesto el acendrado amor de La Laguna a su Cristo y la gran devoción tinerfeña a esta bella Imagen del crucificado. La segunda es como un leve y jubiloso anticipo de las grandes exhibiciones pirotécnicas del día 14, culminación brillante, máximo atractivo de los esparcimientos populares que integran el programa de las fiestas. Porque el inenarrable acto-mitad religioso, mitad pagano-de la Entrada no han podido ser igualado ni superado en ninguna otra localidad isleña, merced a las características especiales que solo se dan hasta ahora en La laguna. Citamos para demostrar la verdad de ‘nuestra afirmación, algunas de estas, características. Son ellas: la importancia de la ciudad, la segunda en número de habitantes de la isla; la extensión del espacio urbano, dotado de anchas largas vías, lo que implica comodidad y facilidades par grandes afluencias de forasteros; el gran perímetro de la plaza de San Francisco, la mayor de Tenerife, totalmente aprovechable para el estacionamiento de público; la proximidad de La Laguna a la capital de la provincia, lo que permite el cómodo y barato desplazamiento de los habitantes de Santa Cruz. lográndose así el mayor porcentaje de concurrentes de la isla a las fiestas laguneras Por la conjunción de dos censos de población que suman un total de ciento cincuenta mil personas; y, por último, el hecho más ,trascendente: el de ser nuestro Cristo, una de las tres Imágenes sagradas de más general y arraigada devoción en nuestra tierra, por lo que su fiesta alcanza el perfil popular, pintoresco, emotivo y alegre de nuestras grandes romerías refinado y avalorado por el rango y la importancia de la ciudad y robustecido por las características especiales que apuntadas dejamos.
