La Laguna en diciembre: Tradiciones Navideñas (Xl)

PASTELES LAGUNEROS
Por Julio Torres.- Un día fueron el símbolo más representativo de la artesanía lagunera; en aquella época, una Navidad sin pasteles era una Navidad a la que le faltaba algo. El periodista Luis Álvarez Cruz realizó un interesante estudio sobre los mismos.
Los pasteles laguneros: un poco de historia
Resulta imposible establecer en qué época La Laguna comenzó a elaborar sus aromosos y sabrosos pasteles navideños. Se sabe que en la segunda mitad del s. XIX vivió en La Laguna doña María Gracia a quien se le atribuye el haber sido la primera que los lanzó al mercado, aunque parece ser que ya antes los elaboraba seña Socorra. En definitiva, el origen de esta industria está bastante dudoso, y habría que remontarse al menos a las primeras décadas del siglo pasado para saber a qué atenernos.
De cualquier forma, los pasteles fueron siempre producto de una industria familiar, carácter que mantuvo siempre, si bien creció con el paso del tiempo.
Así, en 1889, había en nuestra ciudad tres pastelerías: una en la calle San Agustín, de doña María Gracia; otra en la calle de San Antonio, de un tal Panchito; y otra en la calle de la Empedrada (hoy, Marqués de Celada), perteneciente a la familia Guerra Molina. Cada una de ellas producía en cada jornada unos cientos de pasteles, merced al laborioso trabajo de sus dueños y de, al menos, seis operarios.
El día de la Concepción -8 de diciembre- comenzaba la producción de pasteles, que finalizaba el 6 de enero. Fabricados a base de harina y manteca del país, los pasteles, que eran de tres clases, costaban cuatro cuartos. La harina utilizada era de trigo colorado, que se cosechaba en el Rodeo, mezclada con la de trigo morisco o, en ocasiones, con la procedente de Inglaterra.
Las pequeñas industrias familiares de la pastelería funcionaron en la Villa de Arriba. Esa misma Villa que con tanto celo entonaba los más líricos ditirambos a sus campanas, contraponiéndolos a las de la Villa de Abajo que, en su opinión, sólo servían para que las lavanderas calentaran agua para sus ropas. Allí nació y allí murió esta secular industria. Pero, a finales de los años 70, un gran pastelero ubicado en la zona de San Benito, Rai Acosta, ha recuperado los pasteles con las recetas de antaño; de esta forma, actualmente podemos volver a disfrutar de los ricos pasteles laguneros.
Elaborados exclusivamente en La Laguna, los pasteles tuvieron su mayor auge en torno a 1885. Después dejaron de elaborarse, al menos con el carácter estrictamente artesanal antes mencionado, tal vez a causa de la aparición de producciones más industrializadas. La familia “Francisquita” y don José Expósito Rodríguez, quien aprendió el arte de la pastelera típica de doña María Gracia, fueron los últimos fabricantes de pasteles de La Laguna.
