La Laguna continúa en calma en el cuadragésimo primer día de confinamiento: Hoy visitamos la calle Juan de Vera y la casa natal de Antonio Zerolo Álvarez

Casa natal Antonio Zerolo Álvarez en la lagunera calle Juan de Vera.
Hoy visitamos la calle Juan de Vera, donde visitamos la casa natal del primer médico fallecido en La laguna con motivo de la mal llamada gripe española.
El primero en ser atacado por la gripe de 1918 (mal llamada española) fue el joven médico Antonio Zerolo y Álvarez. Días antes había decidido trasladarse a su ciudad natal desde la entonces villa de Güímar, donde prestaba servicio como médico municipal interino, para colaborar con los facultativos que luchaban contra la epidemia. Había nacido en San Cristóbal de La Laguna el 11 de junio de 1891, en la casa familiar de la calle Juan de Vera señalada con el número 22. Era el tercer hijo de los cinco del matrimonio formado por el profesor y luego catedrático del Instituto General y Técnico de Canarias don Antonio Zerolo Herrera y doña Eladia Álvarez Escobar.
Una vez hubo finalizado el bachillerato, Antonio Zerolo hijo se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, establecida en Cádiz. Parte importante de los estudios los hizo como alumno no oficial, todo hace pensar que porque los recursos económicos de la familia no le permitían trasladarse a vivir y estudiar en la ciudad andaluza. Ser profesor del único centro de bachillerato de Canarias, como era su padre, daba prestigio, respeto y veneración, máxime si además se era poeta fogoso, de verbo encendido que arrebataba a las masas, pero los sueldos del profesorado no se correspondían con el renombre social lo que percibía como sueldo.

Busto erigido al poeta Antonio Zerolo Herrera, padre del infortunado médico lagunero.
El casino “El Porvenir”, que presidía el músico Alonso de Castro y Salazar (director de la Banda La Fe), solicitó que se perpetuara el nombre del malogrado médico. El Ateneo, en junta general de 19.01.1919, acordaba instar a la corporación municipal a la colocación de una lápida en la casa donde murió, con la siguiente inscripción: “El Excmo. Ayuntamiento al joven médico don Antonio Zerolo y Álvarez, víctima de su abnegación en la epidemia de mil novecientos dieciocho”. Esta placa jamás se colocó… Igual es el momento de retomar aquel acuerdo plenario y proceder al homenaje que se merece… él y los sanitarios de todas las épocas.
