La Laguna Ahora por España de fiesta en fiesta: hoy y mañana son las Fiestas de San Isidro Labrador
En portada: Pradera de San Isidro, lienzo de Francisco de Goya (1788).
Las Fiestas de San Isidro son unas fiestas patronales en honor a Isidro Labrador, celebradas en Madrid en torno al 15 de mayo, e incluyen romerías, verbenas, atracciones y diversos espectáculos tradicionales definidores del «casticismo madrileño». En su esencia se desarrollan en el barrio de San Isidro en Carabanchel, con su epicentro en la Pradera de San Isidro, continuando la tradición pintada por Francisco de Goya en su cuadro La pradera de San Isidro (1788). En 1580, se documenta la inauguración de la Plaza Mayor con motivo de la celebración de estas fiestas.

El postre obligado, también muy «retro», son las rosquillas. Si seguimos la tradición serán tontas, listas o de Santa Clara (las de fresa, naranja, limón y chocolate son una versión modernizada).
Costumbres festivas: Es costumbre ya desde el siglo XVI merendar en el césped de la pradera y aprovechar el agua de los manantiales cercanos. Los múltiples puestos en los alrededores vendían las tradicionales rosquillas del Santo. Entre las más famosas se encontraban las tontas (sin recubrimiento), las listas (con baño de azúcar), las de Santa Clara, las francesas y las populares de la «Tía Javiera» y las de «fuenlabrada», generalmente ensartadas en un bramante. Son igualmente tradicionales los «torraos» y las garrapiñadas, las manzanas caramelizadas, los encurtidos, los escabeches. Igualmente era costumbre adquirir botijos (coloraos de Alcorcón, o los amarillos de Ocaña), pitos de cristal con flores de cristal (los denominados pitos del Santo). Las bebidas habituales eran los «chicos» de Valdepeñas (vasos de vino), la «clara con limón» y la limonada. Ese ambiente fue recogido por Goya en 1788. Recuerda el escritor Benito Pérez Galdós en su obra «Mayo y los Isidros» que era costumbre viajar a Madrid en esta celebración, de esta forma la capital se llenaba de extranjeros recorriendo las calles. La mejora de las comunicaciones hizo que numerosos habitantes de las afueras vinieran el 15 de mayo a las celebraciones, a estos visitantes foráneos se les denominó con el mote de «Isidros». La romería durante el siglo XX fue trasladada a la antigua dehesa de la Arganzuela y luego a la Casa de Campo, pero en 1941 se volvió a recuperar la tradición. Los que participan en esta fiesta religiosa hacen unos postres exóticos que les ponen en la boca al santo y esperan hasta que desaparezcan.

«La Pradera de San Isidro», lienzo de Eugenio Lucas Villaamil (s.XIX)
La celebración: En la actualidad las celebraciones se reparten por toda la ciudad; tanto el Ayuntamiento como entidades privadas como las casas regionales con domicilio social en Madrid organizan bailes regionales en la Plaza Mayor, semanas gastronómicas, verbenas de barrio, ferias taurinas, actos religiosos, actos deportivos como regatas en el río Manzanares, etc. Cada 15 de mayo es costumbre que los madrileños se reunan para comer en la famosa pradera y beber el agua que sale del caño de la ermita. El paseo que da a la ermita se llena de puestos con diversos elementos gastronómicos de la cocina madrileña como pueden ser la fritura de las gallinejas y los entresijos, bocadillos, encurtidos diversos (banderillas, aceitunas, berenjena de Almagro). La repostería típica de esta época. También es típico bailar un chotis vestido de chulapo y comprar las tradicionales rosquillas tontas y listas en los puestos de la feria.
