La imagen del Cristo de La Laguna, al culto en la capilla del Hospital de Dolores bajo un retablo presidido por San Miguel

El Cristo y San Miguel, siempre juntos a lo largo de la historia de La Laguna, y por ende de Tenerife. Por primera vez, el Cristo está al culto en una iglesia en la que anteriormente jamás había entrado; y de nuevo, lo acompaña San Miguel,  que aparece en el retablo superior.

La gran devoción de Alonso Fernández de Lugo fue siempre San Miguel. Muy célebre fue en el pasado la fiesta de San Miguel con sus tradicionales paseos, en los que las laguneras lucían sus mejores galas porque la celebración hundía sus raíces en el tiempo de los caballeros conquistadores, los mismos que instituyeron la ordenanza festiva que establecía las visitas de San Miguel al convento donde se hallaba el Crucificado lagunero: «Yten se haga otra procesión a los veintinueve de septiembre, día del Señor San Miguel, que vaya a la iglesia del Señor San Francisco, que también se nombra San Miguel de las Victorias, por cuanto es antigua la devoción de esta Isla, y el capitán general, y conquistadores, que la ganaron, lo tenían, y nombraban por patrón, y después acá siempre ha quedado esta costumbre«.

La plaza de San Miguel fue escenario de los actos oficiales más importantes de la Isla. A la hora de conocer su primitivo aspecto, hay que tener presente la disposición del Adelantado del 24 de enero de 1522: «Otrosí todos los vecinos que estén en torno de la plaza del Señor San Miguel de los Ángeles, puedan hacer portales sobre estos, que salgan a la plaza de catorce pies de hueco y que sean tan altos que puedan andar caballeros a caballo debajo de ellos sin tocar en la techumbre».

Entre los grandes actos celebrados en la plaza de San Miguel cabe destacar la proclamación como rey de Felipe II o la revista en 1559 de las Milicias en presencia de Alonso Pacheco, Hernando de Cañizares y varios regidores, así como numerosos actos con motivo de las fiestas del Cristo, que nunca ha dejado de pasar, tanto en Semana Santa como en las feistas de gloria, por esta plaza.

El que La Laguna cuente con la imagen que nos ocupa se debe a que el conquistador Fernández de Lugo, en plena batalla de Acentejo, invocó a San Miguel para que impidiera que abandonara este mundo, en uno de cuyos parajes más bellos, La Laguna de Aguere, levantó una ermita que pudiera ver desde su casa y que le sirviera de panteón. Por haberlo salvado de la muerte, le dio el nombre de San Miguel de los Ángeles. También sería el de Lugo el que trajera el Crucificado a La Laguna, dándolo culto en el convento franciscano, «curiosamente» denominado por el Adelando como Convento Mayor de San Miguel de las Victorias.

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