La fea costumbre de ponerse los pin en el sombrero o en el chaleco en las romerías de Tenerife

Las romerías en Tenerife son una de las expresiones más vivas del folclore canario. Celebraciones que reúnen a miles de personas vestidas con el traje tradicional, cuidando —al menos en teoría— cada detalle: telas, calzado, complementos y, por supuesto, el sombrero.
Este atuendo no es un simple disfraz festivo. Es una representación fiel de la historia campesina de la isla, una manera de rendir homenaje a generaciones pasadas.

La aparición de los pins teja
En los últimos años se ha extendido una práctica que rompe con esa coherencia: colocar pins metálicos en el sombrero del traje tradicional. Insignias y marcas de eventos o simples recuerdos turísticos aparecen clavadas en una pieza que originalmente tenía un diseño sobrio y funcional.
Lo que para algunos es un detalle simpático, para otros resulta una auténtica falta de criterio.

Un choque entre modernidad y respeto
El problema no es el pin en sí, sino el contexto. El traje tradicional responde a una lógica histórica: cada elemento tiene su razón de ser. Añadir objetos modernos sin relación con esa tradición introduce una ruptura estética y cultural.
Defender esta práctica como “evolución” es, como mínimo, discutible. La evolución cultural no consiste en añadir cualquier elemento sin sentido, sino en transformar con coherencia. Y un pin publicitario o deportivo difícilmente encaja en ese marco.

Si compras la teja pin como recuerdo, guárdala en el bolsillo o en el morral y, cuando llegues a casa, colócala en tu expositor de coleccionista. No contribuyas a dañar aún más nuestra cultura.
¿Expresión personal o pérdida de identidad?
Es cierto que las romerías también son espacios festivos y abiertos, donde la gente disfruta y se expresa. Pero cuando el traje tradicional se convierte en un soporte para objetos ajenos, corre el riesgo de perder su significado y convertirse en un disfraz más.
Para quien observa desde fuera —turistas o nuevas generaciones— la imagen se distorsiona: lo que debería ser patrimonio cultural se mezcla con elementos sin valor histórico.
Conclusión
Las romerías de Tenerife siguen siendo un símbolo de identidad y tradición. Precisamente por eso, pequeños gestos como colocar pins en el sombrero no son tan inocentes como parecen.
Respetar el traje tradicional no implica rigidez absoluta, pero sí cierto criterio. Porque cuando todo vale, lo que se pierde no es solo la estética, sino una parte de la memoria cultural de la isla.
