JESÚS H. VERANO INAUGURÓ EN EL ATENEO

En la Sala de Exposiciones del Ateneo de La Laguna hasta el 1 de noviembre

La posibilidad de un fragmento que remite -como una metonimia agazapada y atenta- a un todo ausente, a una lucha entre una identificación con la realidad y su sombra, su desplazamiento.

Trau / Ter como herida, enmascarándose y enhebrándose, como fecha que se borra a sí misma para abrirse a nuestra lectura, que llega a nosotros como espectro, que se incinera y se hace otra. ¿Cómo relatar la ausencia? ¿Cómo hacer legible la experiencia traumática, siempre individual, irrepetible, irrecuperable, sin tener que someterla a la traición de la representación?

Lo real, lo ficticio, lo ilusorio, lo hiperreal recorriendo y retrocediendo en su propio abismo interior, hasta precipitarse en el vacío de nuestra mudez. «El cuerpo no guarda nada: se guarda a sí mismo como secreto» (Nancy). Siempre ausente y esquivo como toda memoria. No como el secreto de un enigma, de que sólo existe en su suspensión, en su ausentarse. Desvalimiento. El paso, pues, de lo visible a lo invisible, de lo presente a lo ausente, de lo que nuestros ojos ven a lo que en esa visión se esconde en su huida, de lo que vela y desvela. Ahuecar. Es lo que queda de nuestro lado, como el signo mudo en el que se escapa del ojo que lo acoge en su huida, «la fulgurante puesta en evidencia de su implenitud, de su abertura y aplazamiento, de su imprudencia» (Brea).

 

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