Hoy se cumplen 50 años del referéndum convocado por Franco sobre la Ley Orgánica del Estado de 1966

A la derecha la publicidad gubernamental en favor del Sí en Tenerife. A la izquierda un certificado de votación expedido en La Laguna.

La Jefatura Nacional del Movimiento corresponde con carácter vitalicio a Francisco Franco, Caudillo de España. Al cumplirse las previsiones sucesorias, pasará al Jefe del Estado y, por delegación de éste, al Presidente del Gobierno».

Así lo establecía una disposición transitoria de la Ley Orgánica del Estado, aprobada en referéndum un día como hoy, 14 de diciembre de 1966. Bajo la apariencia de una constitución, suponía poco más que una actualización por escrito de los fundamentos del régimen franquista. Como comentó entonces en una entrevista un catedrático de Derecho Político, la Ley Orgánica del Estado «ni es tan radical como algunos esperaban ni tan superficial como algunos creen».

En todo caso, aunque fuese poco más que una puesta sobre el papel de lo que ya había en la dictadura, hoy llama la atención ver en aquel contexto urnas y toda la parafernalia de la supuesta democracia. Ante lo inhabitual de acudir a votar en aquellos años, el periódico detallaba los pormenores del sistema de voto y aclaraba la más mínima duda. «Todos los ciudadanos españoles mayores de veintiún años, sin distinción de sexo, estado o profesión, tienen el derecho y la obligación de tomar parte en la votación del referéndum, emitiendo libremente el sufragio a favor o en contra del proyecto legislativo consultado».

La Iglesia tomó una postura neutra, recordando «la obligación que tiene cada uno de asumir en conciencia su responsabilidad, informándose convenientemente, actuando con reflexión y orientando su voto libre (…) a promover el bien común».

Por supuesto, la legislación franquista fue aprobada mayoritariamente. Presentada como una constitución, en realidad era el marco legal de lo que ya existía y de los fundamentos para la continuación del régimen franquista. El 88% del electorado votó en el referéndum, del cual sólo un 1,81% votó «no». Como curiosidad y como ejemplo de la fiabilidad del recuento citaremos a Paul Preston en su libro Franco «Caudillo de España»: «en algunos lugares, la eficacia y entusiasmo de los funcionarios hicieron que Franco obtuviera el voto del 120% del electorado local» (¡sin comentarios!).

De las crónicas aparecidas hace cincuenta años en los periódicos, nos quedamos con los detalles, algunos de ellos clásicos en posteriores votaciones: «Las religiosas de clausura acudieron a las urnas. Una de las primera mujeres que votó en Ávila fue doña Benigna Medrano, de 103 años de edad».

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