Fotos y poemas laguneros. La Laguna, José Tabares Bartlett (1850-1921)

Vedla: reposa en apacible calma,
en soledad gratísima y amena,
en su campiña se engrandece el alma y entre
us muros de piedad se llena.
Elévanse sus templos seculares en la
atmósfera azul tranquila y pura y
penden sobre ciclópeos pilares las
formas de su vieja arquitectura.
Solamente la voz de la campana
turba el silencio de su fértil llano
cuya volátil vibración cercana la fe le
infunde al corazón cristiano.
Los vientos de las zonas tropicales
en armoniosas ráfagas cimbrean los
laureles, y chopos, y nogales,
que sus anchos caminos hermosean.
¡Cuán vasta y esplendente es su llanura!
Piélago undoso de rasantes mieses; en el
invierno alfombra de verdura, campo de
oro en los estivos meses.
Tapizan sus selváticas montañas
tréboles, y poleo, y maravillas, y orlan a
trechos las flexibles cañas con mantos
de esmeraldas sus orillas.
Desde la vega a la empinada loma
Naturaleza muéstrase fecunda, y un
aire fresco de agradable aroma bajo un
radiante sol todo lo inunda.
Alegran al poético paisaje el
jilguero de múltiples matices,
el mirlo y capirote entre el follaje y
en los trigos ariscas codornices.
Le cantan sus bucólicos amores
las invisibles brisas perfumadas
en el regazo de silvestres flores
himnos las fuentes y el pastor baladas
Cuando la tarde desfallece triste
muere como el delfín rica en cambiantes
cuando la noche sus crespones viste,
le da el cielo sus luces de diamantes.
y al despertar el alba purpurina
las transparentes lágrimas que llora
las enjuga al soplar de la colina
el céfiro, ese aliento de la aurora.
¡Oh, noble Agüere! ¡Suelo primoroso
de eterna primavera! ¡Casto nido¡
¡Histórica región! ¡Cisne amoroso¡
¡Suave remedo del Edén perdido¡
Laguna hermosa de candor emblema
de preclaros varones madre y cuna
tú ceñías de Apolo la diadema
cuando te fue propicia la fortuna.
Deja que el rayo de pasada gloria
ilumine, evocándolo, mi mente,
que abra una hoja de tu limpia historis,
a para enseñanza de tu edad presente
que a tu recuerdo, mi cerebro inflama
la antorcha de tus fastos inmortales;
aún repiten los ecos de la fama
tus cabildos, que ilustran tus anales.
-Tu pléyade de artistas y escritores-
el numen de la patria la conserva,
ellos alzaron a tu honor loores
ante el ara del templo de Minerva.
¿Quién olvida que dieron tus hogares
al Pindó, Viana, tu inspirado bardo?
¿Y y a arte, y a la ciencia,
y los altares a Núñez, Nava, Saviñón y Eduardo?
(Cómo olvidar a los valiosos hombres
que orgullo fueron de la patria un día?
ilustres manes, memorables nombres
que murmuran las auras todavía!
En tan altos modelos inspirada
tu actual generación alce la idea;
Tierra por el ingenio fecundada,
grande y feliz y próspera te vea!
Mas, ¡ay! en vano esperarás ventura
si nutre la discordia tus pasiones,
esa fiebre mortal, la calentura
que consume a los pueblos y naciones.
Serán tus asperezas tus tiranos,
será cruel y acerbo tu destino
mientras cunda en tus libres ciudadanos
el odio de Ruggiero y Ugolino.
(1896)
