Fotos, coplas y poemas. Rafael Romero Quesada. Las Palmas de Gran Canaria (1885-1925)

Rafael Romero Quesada, conocido como Alonso Quesada (Las Palmas de Gran Canaria, 5 de diciembre de 1886 – † Las Palmas de Gran Canaria, 4 de noviembre de 1925), poeta, narrador y autor dramático, Alonso Quesada cultivó todos los géneros literarios en los que dejó constancia de su amargura existencial y de su profunda ironía.
Es una de las máximas figuras del modernismo poético canario junto a sus amigos Saulo Torón y Tomás Morales. Dejó inédita la mayor parte de su obra, posteriormente publicadas por el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria.
Hermano mar, he vuelto…
¡Tantos días de soledad en el hogar enfermo!
¡Qué lentitud la de las horas!
Este reloj del comedor ¡tan viejo!
Apenas andaba, y luego el vaso del remedio
sobre la mesa sin vaciarse nunca…
Y ante nosotros el ropero obscuro,
donde guardamos nuestra pobre veste,
era, a la media noche, como un trasgo
que aguardaba un instante decisivo…
¿Cómo estará mi mar?…
Y tus rumores llegaron a mi lecho suplicantes,
y el infinito de tu azul sonoro tenaz me reclamó…
¡Mas no podía, que el corazón andaba por senderos
remotos, en un viaje aventurado,
y tuve miedo, hermano mar, de hallarme
cerca de la llanura subterránea!…
Mas hoy ya torno sin las fuerzas viejas,
único amigo, a confortar mi alma:
tú sabes que yo soy un pobre niño
de muy poca salud, y es necesario
que me prestes la ayuda de tus vientos
para llenar mi corazón vacío…
Hermano mar: tú cuidarás mi vida,
tú me devolverás la salud buena
y pondrás en mis ojos la luz fuerte
para los horizontes y los llanos…
Tú me darás del sol las fuentes rojas
en estas horas matinales, cuando
el viejo padre nos ofrece todo…
Y yo tendré la sangre primitiva…
¡El puerto de Las Nieves, solitario y lejano,
junto a unas rocas negras!…
Hace ya muchas horas
que, en una extraordinaria narración, nuestros ojos
vieron delineadas estas montañas brujas….
Allá por nuestros años primeros de colegio,
¿no recordáis los imanados montes
a donde una galera arribó misteriosa
porque una mano extraña le desvió la ruta?
Este mar se ha dormido hace cien años…
¡Mira que dentro de las rocas hay un encanto hecho!….
Un anillo… una flecha… ¡una palabra acaso!
hará surgir la ansiada princesa de Darío…
«¡que estaba triste de esperar!»
Estas cosas vulgares de todos los amigos
poetas, nuestra alma iba labrando triste.
Era al atardecer… ¡Con una nueva amada
marchaba el corazón entre los cuentos!
Por ver ojos azules, dueña mía,
dictó mi encanto la Divina Hada:
La seca humanidad que yo lucía
en manso corderillo fue tornada.
Así la pena fue; y en el lejano
jardín de los Ensueños heme ahora
sintiendo en mi vellón pasar la mano
de la Princesa Azul, que es mi señora…
¡Oh, encanto del dolor, suave y divino,
como lo triste que del alma vino
para volar al alma de la Amada…!
¡Y sé que acabará el hechizo mío,
de aquel manso mirar, si todo el brío
de tus ojos me das en tu mirada!
