Fotos, coplas y poemas a la Virgen de Candelaria.»Añaterve», al M.l.Deán de Tenerife, don Domingo Pérez Cáceres. Manuel Verdugo Bartlett (1878-1951)

perez caceres guanches

Don Domingo Pérez Cáceres «El Obispo de los Pobres». Sus manos no hacían mojo «pa» ricos. Hasta so ropa interior fue a parar a los pobres…

Añaterve fue el último mencey guanche de Güimar, en su territorio se había llevado a cabo una importante misión evangelizadora desde mediados del siglo XV, fue el primer mencey en pactar paces con los europeos, convirtiéndose así su territorio en bando de paces. El acuerdo de paz fue firmado con el gobernador de Gran Canaria Pedro de Vera con anterioridad a 1490, siendo rápidamente ratificado por el mencey con Alonso Fernández de Lugo en 1494 poco después del primer desembarco del ejército conquistador. El mencey de Güímar colaboró activamente con los conquistadores, aportando tropas auxiliares y avituallamiento durante toda la campaña. Finalizada la conquista en 1496, Añaterve fue llevado, junto a otros seis menceyes, a la Península por Alonso Fernández de Lugo para ser presentado ante los Reyes Católicos. Luego retornó a Tenerife, donde se integró en la nueva sociedad, sin que se tengan más noticias sobre su destino.

Nombre cristiano.- No se conoce el nombre que tomó Añaterve tras recibir el bautismo. Para Viera y Clavijo, siguiendo a Viana, fue bautizado con el nombre de Juan de Candelaria en la iglesia del Apóstol Santiago del Realejo Alto junto con el resto de menceyes.

AÑATERVE

PARA ver tras la lente de los siglos
rústicos cuadros y épicas acciones:
para exhumar borrosas tradiciones
de una gran raza patriarcal y heroica,
orgullo de canarios corazones,
(aquella raza muerta
que tan ferviente admiración despierta),
a la sombra del drago venerable
os debo conducir. Allí se siente
el placer de un viajero fatigado
que cruzase un erial, y de repente
viera surgir como el Edén soñado
nuestro vergel amado.

Simbólico jardín de Tenerife:
si hay en tí muchas zarzas y maleza,
también encierras flores de belleza;
rosas humanas, rosas ideales
dignas de fervorosos madrigales:
pero en otra ocasión…Ahora me afano
en buscar otra flor, tesoro raro,
que quisiera mostrar envuelta en claro
cendal de poesía:
la flor de la Verdad, trébol precioso…
¿Dónde hallarla podría?
¿En la Historia, ese bosque majestuoso,
poblado de fantasmas,
o en la torcida senda
que conduce al jardín de la leyenda?…

Tal pensamiento nace y me tortura,
cuando evoco en mi mente la figura,
sugestiva y extrafia,
de aquel monarca guanche calumniado,
de cobardía o de traición tachado.
Fué el amigo de Espafia,
combatió con su gente a nuestro lado,
y hay labios tinerfeños que le execran…
¡En el idioma noble de Castilla
el nombre de Añaterve se mancilla!
¿Cómo juzgarle, cuando no sabemos
el fin que persiguió con sus acciones?
Nunca sondar podremos
en el abismo de los corazones …
¿Quién lee en el pensamiento ni quién osa
desvelar las secretas intenciones
de aquella alma tortuosa?…

En Añaterve fueron
ideas y afecciones heredadas;
era el hijo de Acaimo, conocido
por «Rey de las lanzadas»;
Acaimo, el generoso y aguerrido
que en anteriores tiempos prometiera:
ante el astuto de don Diego Herrera
amistad al monarca castellano.
Fué leal Añaterve, y soberano
de Güimar, la región privilegiada
en cuya costa decretó el destino
que un dia se encontrase, cual divino
presente de los mares,
la imagen de una Virgen;
y a ella los legendarios insulares,
con una adoración supersticiosa,
culto rindieron como a excelsa diosa.
Y sí una religión es fuerte lazo,
muchas veces abrazo
entre hombres y pueblos
y hasta en razas de origen diferente,
¿a quién puede admirar, y a quién extraña
que el Rey de Güimar y su brava gente
demostrasen afecto, amor a España,
respeto a los valientes castellanos,
al saber que la imagen misteriosa
era madre del Dios de los cristianos?…
El sagaz Añaterve acaso fuera
de los ingénuos guanches
el que más clara intüición tuviera…
Luchar contra las huestes invasoras
era oponerse al curso irrefrenable
de las corrientes civilizadoras.
Él pensó que era un bien, bien inefable,
más que la libertad, que es don bendito,
dejar que la corriente penetrase
y que a su patria toda fecundase:
ese fué su delito…
Mencey de Güimar: tu valiente ayuda,
tu firme apoyo a los conquistadores,
no fué debilidad en tu alma ruda,
que sabia admirar el heroismo:
mal que les pese a los calumniadores,
lo encauzó tu vidente patriotismo,
no el abyecto interés de los traidores…

Si realzar de los guanches la memoria
es deber de justicia, siempre grato,
sea mi verso voz vindicatoria
para el noble Mencey a quien la Historia
desfiguró el retrato.

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