Fotos, coplas y poemas a La Laguna. Tríptico de La Laguna. Emeterio Gutiérrez Albelo (1904-1969)

Emeterio Gutiérrez Albelo nació a las 11 de la noche del 17 de agosto de 1904 en la calle de la Asomada de la antigua Villa de Icod, isla de Tenerife. El 27 de agosto de 1904 es bautizado por el cura ecónomo Julio Delgado y Delgado en la Iglesia Matriz de San Marcos Evangelista de la misma localidad.
Su padre, Emeterio Gutiérrez López, primer Cronista Oficial de Icod en 1924, fue director de varias publicaciones locales como La Voz Icodense (1897), La Voz de Icod (1898-1899) o el semanario La Comarca (1919-1923), donde Gutiérrez Albelo publica sus primeros poemas y prosas. En sus comienzos, Albelo colaborará además habitualmente en la Gaceta de Tenerife, La Voz del Valle y la revista Alba de Cienfuegos. Estudia bachillerato y magisterio en San Cristóbal de La Laguna junto a futuros autores como Luis Álvarez Cruz, Juan Pérez Delgado Nijota, Antonio Dorta o Sebastián Padrón Acosta, ejerciendo la profesión docente durante el resto de su vida en diferentes localidades de la isla. Su primer destino es el Colegio Isabel La Católica, en el barrio santacrucero de El Cabo; de allí se trasladaría al municipio de Vilaflor.
A este primer periodo se corresponden las composiciones Noche de amor, Dejad al poeta, o La suprema belleza, de 1919, o Insomnio o El poema de tus ojos de 1920, publicadas en La Comarca.
Obras tempranas.- Su primera obra, titulada La Fuente de Juvencio (1925) es de inspiración parnasiana y modernista y nunca llegó a publicarse. Durante la segunda mitad de los años veinte, participa junto con los escritores insulares Domingo Pérez Minik y Pedro García Cabrera en la revista Hespérides, de la que es redactor jefe Eduardo Westerdahl. A la revista Hespérides se deberá la aparición de composiciones como Soneto de la pipa,5 Luces en la noche6 o Leyendo a Francis Jammes,7 las cuales serán incluidas posteriormente por el autor, con variantes, en su primer poemario. Asimismo, colabora ocasionalmente con redacciones como Otra vez la ciudad8 en la revista de Agustín Espinosa y Juan Manuel Trujillo, La Rosa de los Vientos, donde coincide con los escritores Carlos Pestana, Ernesto Pestana y el catedrático de Literatura española Ángel Valbuena Prat, entre otros.
Tríptico de La Laguna
I
La luz de la verdad lacté en tu seno,
que me ofreció su claridad nutricia;
y en tu mirada de Palas, la leticia
para mi afán, aún al dolor ajeno.
Yo era entonces, Señora, puro y bueno;
y en tu pompa solar, catedralicia,
se anegaba el candor de mi puericia
como un vitral de resplandores lleno.
Toda el alma se abría a tus fulgores,
o arropaba sus líricos temblores
en la hopalanda gris de tus neblinas.
Y en fuga el corazón, buen estudiante,
se me echaba a volar, a cada instante,
por la paz de sus aulas campesinas.
II
Yo soy también el díscolo trovero
que despreció tus normas magistrales,
tu canon de quietud, tu orden austero,
y tu ley de destinos inmortales.
Yo soy aquél, aquel mozo altanero,
de labios desdeñosos y sensuales,
y cuyo audaz y torpe cancionero
atrancaba tus altos ventanales.
Malgastando mi lírico dinero,
transformando en basura mis caudales,
me alejé del santuario verdadero;
y esgrimí, profanando sus viales,
el diabólico fruto, el hervidero
de los siete pecados capitales.
III
Tanto corrí, Señora, y tan sin tasa
danzó mi vida bajo un sol demente,
que en mi pecho se heló la ardiente brasa,
y un arado fatal surcó mi frente.
Pero ahora otro fuego me traspasa;
y al bañarme de nuevo en tu corriente
mi corazón, Señora, entra en tu casa
igual que en la parábola, el ausente.
Mi corazón, Señora, recobrado,
palpita como nunca ha palpitado;
y hoy que a tu tierna recepción asisto
– aunque esté, ya lo ves, maltrecho y roto –
se lo voy a ofrecer – como un exvoto –
a las plantas sangrantes de tu Cristo.
E. Gutiérrez Albelo, La Laguna, 14 de septiembre de 1958
