Fotos, coplas, poemas por carnaval (III)

Un callo cuenta su historia
Compró unos zapatitos,
negros como azabache,
una chica llamada…
¡bueno, llámese hache!
Fuéronle los zapatos
estrechos a mi dueña,
pero ella, por lucirlos,
en caminar se empeña.
Como eran tan estrechos
y tanto caminó,
apretáronle un dedo,
y entonces nací yo.
Ella, al verme, inclinándose
cual flor que dobla el tallo,
fue y le dijo a su madre:
¡Ay, mamá, tengo un callo!
Y la mamá, diciendo:
¡Te lo voy a cortar!
le pidió al padre una
navaja de afeitar.
Pero entonces mi ama
dijo: Mamá, no puedo
aguantar que lo cortes.
No, me da mucho miedo.
Y yo seguí tan fresco,
haciendo de las mías
y creciendo y doliendo
según pasaban días.
Púsose callicidas,
pero yo no caí.
Al contrario, adheríme.
¡Callicidas a mi!
Seguía yo adherido
al dedo de coral,
hasta que llegó marzo
y llegó el Carnaval.
Y fue mi dueña al baile,
y un tipejo infeliz
va y sale con mi dueña
a bailar un «chotis».
Y aquel tío, al bailar,
con un pie de camión
a mi dueña, en mi dedo,
le pegó un pisotón.
Dio mi dueña un chillido,
y yo —como quien sueña—
me sentí separado
del dedo de mi dueña.
Luego, ella, en su alcoba
la media se quitó,
me tomó entre los dedos
y a un cubo me lanzó.
Desde aquel pisotón
de aquel tipo caballo,
yo, en el fondo del cubo,
sufro, medito y… callo.
Juan Pérez Delgado “Nijota”
