Este sábado se presentará y bendecirá la Venerada Imagen de Nuestra Señora del Rosario en la Catedral de La Laguna

Este sábado 30 de septiembre a las 17,30 horas, se presentará y bendecirá la Venerada Imagen de Nuestra Señora del Rosario, en la Santa Iglesia Catedral, por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de la Diócesis Nivariense, tras los trabajos de restauración y conservación a cargo de Don Rubén Sánchez López, posteriormente Solemne Procesión Extraordinaria de retorno hasta su Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, cargada por la Cuadrilla de Costaleros, siendo su Párroco el M. I. Sr. Don Juan Pedro Rivero González, acompañada del Cabildo Catedral, de la Venerable Hermandad del Santísimo Rosario, Nuestra Señora de la Soledad y Santísimo Cristo Resucitado, al igual que diferentes representaciones del Rosario de toda la isla. Acompañamiento musical Banda de San Miguel y Banda Sinfónica la Fe de La Laguna.
Como hemos dicho anteriormente, la imagen fue intervenida por Don Rubén Sánchez López, Conservador-restaurador por la Universidad de Granada en 2004. Becario de prácticas ese mismo año en los talleres del Real Patronato de La Alhambra y Generalife, así como en Florencia el año anterior para adquirir experiencia profesional sobre el patrimonio cultural italiano. Culmina sus estudios en BBAA con un proyecto fin de carrera sobre la recuperación teórica y práctica de la técnica pictórica de los primitivos flamencos.
Radicado en La Orotava desde hace 18 años. Su dedicación profesional ocupa la pintura en cualquier soporte, la escultura policromada o de soporte leñoso y pétreo vistos, las artes suntuarias, la cerámica, y el documento gráfico. La nómina de piezas restauradas engrosa bienes de variado origen y propiedad, si bien el mayor volumen pertenece al patrimonio eclesiástico de la diócesis nivariense, seguido del coleccionismo privado, para el que atiende a una gruesa nómina de creaciones de artistas canarios consagrados.
En imaginería no podemos omitir el Cristo de la Humildad y Paciencia de La Orotava y el Sr. de las Aguas de Icod, que junto con el Niño Jesús de la parroquia de S. Juan Bta. en San Juan de La Rambla, son tallas de Fco. Alonso de la Raya. Tampoco dejaremos de citar el Cristo de los Dolores de S. Juan de la Rambla, talla atribuida a Sebastián Fernández Méndez, el de la Misericordia de La Orotava, creado por las gubias de Ruiz Díaz de Argumedo, el S. Juan Evangelista de la iglesia matriz orotavense, imagen de Luján Pérez, la Virgen de Gracia de Icod, atribuida a Ruiz Gijón, Ntra. Sra. de los Reyes, patrona de la isla de El Hierro, la Virgen del Rosario del Realejo Bajo (talla del barroco insular reformada por Nicolás Perdigón), el Niño Jesús atribuido a José Risueño, de propiedad particular tinerfeña, el S. Antonio de Padua de taller de Anton María Maragliano en el Santuario del Xto. de La Laguna, la Inmaculada de José Rodríguez de la Oliva en el mismo templo, así como la efigie que de la misma advocación se conserva en la catedral de los Remedios, del taller que fundara el escultor valenciano Damián Pastor. El Cristo de la Espiración de José Arce en el templo matriz de Icod de los Vinos.
Del mobiliario litúrgico debemos señalar las andas de la Virgen de los Dolores, de la homónima capilla icodense, doradas por Cristóbal Afonso, y las del Corpus Christi de la parroquia de S. Juan en La Orotava, talladas por Aurelio Carmona López.
Ha diseñado, coordinado e impartido conferencias sobre intervenciones de piezas concretas de interés para la historiografía del arte insular. Cuenta con publicaciones sobre restauración de documento gráfico, pintura de caballete y decorativa, tapicería. Miembro del equipo redactor del catálogo de Arte de los Antiguos países Bajos, de la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias.
La intervención sobre la Virgen del Rosario supone una excepción respecto al modelo ordinario de actuación en el patrimonio mueble de la diócesis nivariense, partiendo desde la misma gestión hasta el establecimiento de los criterios de actuación. Los antecedentes de la imagen nos sitúan en la convergencia de una serie de acontecimientos que conducirían a la sucesiva transformación del aspecto primitivo, y del consecuente cambio de paradigma estético devoto en más de una ocasión. Así pues, varias reformas tuvieron lugar antes del incidente que pudo hacerla desaparecer en octubre de 1993: el conato de incendio que, afortunadamente, fue sofocado, no sin cobrarse graves daños en la cara de la imagen, siendo menos determinantes en las manos y el Niño. Su restauración entre ese año y el siguiente se rigió bajo postulados profesionales, y fue el momento propicio para una tentativa de recuperar la fisonomía original, dado que la policromía de la cabeza había desaparecido casi en su integridad bajo las llamas. Sin embargo, la neutralidad de los criterios estilísticos asumidos redujo los rasgos a los volúmenes sumarios con tendencia geométrica, dotando al semblante de hieratismo y severidad, lo cual contrastaba con la gracia netamente barroca que las manos y el retoño no habían perdido. Otro inconveniente pareció condicionar este desenlace: ningún testimonio fotográfico se remonta antes de la renovación clasicista con que los fieles reconocían a su devoción hasta hace 30 años, tan dispar en su lenguaje primitivo como lo fue la intervención de los años 90. A la sazón, el candelero se malogró parcialmente, y los brazos sufrieron la sustitución de corte ilustrado para dotarlas de articulaciones.
La actuación que ahora suscribimos responde a la aspiración que la hermandad alberga desde 1994, como oportunidad para intentar la optimización estética que contribuyera a dignificar su culto. Para ratificar la viabilidad de esta tentativa era necesario someterla a una serie de análisis instrumentales fuera del curso procedimental y administrativo de la restauración habitual, porque sólo así se arrojaría información objetiva sobre el verdadero estado de la talla y la supervivencia de información subyacente, sin que ello comportará su intervención «sine que non». De este modo, y siempre después, se estimó oportuno actuar sobre la pieza, que ha estado sujeta a una comisión de seguimiento durante su desarrollo, dada la complejidad del caso. En este sentido cabe declarar que se trata de una restauración en rigor para el candelero, el Niño y las manos, quedando la cabeza fuera de los parámetros estrictamente curativos, habida cuenta de la sensible adición que supone el repolicromado de la carnación y sugerencia de cabello pintado en la cabeza. Carece de sentido apelar a las fórmulas profesionales vigentes cuando se trata de todo el busto de la figura, proponiéndose alternativas más afines al carisma religioso, pero evitando incurrir en falso histórico. Esto será efectivo a través de la novedad, diafanidad y saturación del color, siendo notorio que se trata de una intervención reciente por el ligero contraste con las tintas originales que detentan una edad secular. Dado que la policromía vista de la cabeza no detenta valor histórico alguno, se autorizó su sustracción para poder acceder a los niveles originales que permitieran reintentar una interpretación más ajustada. Los resultados de la investigación no sólo permitieron despejar las dudas técnicas, sino que propició la atribución a Lázaro González de Ocampo, principal artífice de la escultura insular en el tránsito de SS. XVII-XVIII, dato nada baladí, pues nos autoriza a comparar los modelos marianos de la producción del autor con la efigie que nos compete. Esta fuente documental no se limita al reconocimiento de la talla, sobre la que no operamos modificación alguna, siendo especialmente útil para resolver la carnación facial, estableciendo los acabados cromáticos originales de ejemplares análogos como referencias para su restitución.
En resumen, la nómina de tratamientos más importantes fue:
– Decapado selectivo de la cabeza.
– Retirada de estucos de intervención masivos.
– Eliminación de empastados de intervención.
– Separación de la máscara.
– Eliminación de restos adhesivos de intervención.
– Retirada provisional de los ojos de vidrio policromado.
– Saneamiento de maderas astilladas
– Saneamiento de los ojos.
– Recolocación del ojo viable, desechando el quebrado.
– Recolocación de la máscara.
– Sustitución de dispositivos de anclaje de la corona de la Virgen
– Decapado selectivo y limpieza de capa pictórica del resto del conjunto.
– Consolidación de las maderas carbonizadas del rostro.
– Consolidación de las telas estucadas del candelero.
– Refuerzo de la trampilla dorsal de la devanadera.
– Devolución de la postura original del brazo del niño
– Injertado y chirlatado de soporte
– Estucado de grueso pictórico
– Repolicromado del busto
– Reintegración cromática discernible
– Barnizado intermedio.
– Ajuste de reintegración cromática.
– Barnizado de protección definitivo.
Con todo ello damos por concluida una de las más complejas y comprometedoras actuaciones sobre el patrimonio cofrade de La Laguna.
