Especial Navidad: La Navidad lagunera y sus famosos pasteles (IV). Por Julio Torres Santos

Las vendedoras de pasteles: Hoy es la iluminación navideña de las calles, el tumulto de gentes o el horario de apertura de los comercios; pero entonces eran las gangocheras -vendedoras ambulantes del producto de temporada, en este caso pasteles- las que anunciaban la proximidad de la Navidad.

Sólo algunos afortunados pueden evocar en su memoria el recuerdo de estas entrañables vendedoras de pasteles, con su balayo a la cabeza, su farol en la mano y su pregón en la boca, que luchaba por prevalecer sobre el voceado por las paveras y vendedoras de ñames:

“¡ Ay qué pasteles calentitos, qué pasteles!”

Desde La Laguna bajaban a Santa Cruz una veintena –tal vez más- de pasteleras que han quedado relegadas en el olvido. Aunque quizás algunos recuerden a seña Escolástica. Según nos contó un bisnieto, pertenecía a la familia apodada como “Los Farrunchos” y vivía en el camino de la Montaña de la Mina, en la zona conocida como “Cercado Bello”. Ella añadía a su pregón:

“¡Soy la última y entro ahora!”

De esta forma, seña Escolástica aseveraba pícaramente que ella era la última en llegar, la que traía pasteles laguneros recién sacados del horno, aunque había recalado en la capital desde primeras horas de la mañana. Y es que seña Escolástica tenía la necesidad de defender el prestigio de su mercancía, que no siempre lograba proteger de la horda de golosos chiquillos que la convertían en blanco de sus trastadas.

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