ES TIEMPO DE VISITAR LOS NACIMIENTOS DEL MUNICIPIO DE LA LAGUNA: Asociación la Ratona de Valle Tabáres, La Laguna

Cada año la Asociación de Vecinos la Ratona de Valle Tabáres nos sorprende con su Belén elaborado en una amplia cueva. Un año más estan todos invitados a visitarnos.

Valle Tabáres es tierra de carreras de barcos romeros

En el noroeste de la isla de Tenerife en el archipiélago Canario España las «carreras de barcos» son competiciones realizadas con carretas decoradas como veleros, típicas de muchas celebraciones de la isla isla, al menos desde finales del siglo XVII, generalmente en torno a una ermita o cruz y a gran velocidad; habiendo una variante infantil con reproducciones de los «barcos» que son arrastrados por personas.

Surgen de una manifestación ya lúdica, las «libreas», con sus simbólicas batallas o desfiles de naves que se dan en las islas al menos desde el s. XVII.

Hasta la fecha, no se han incorporado a la dinámica de promoción institucional de los años 80 y 90, que ha beneficiado a otras prácticas deportivas tradicionales, conservándose espontáneamente en unos pocos puntos de la geografía de la isla de Tenerife.

En el pasado mes de septiembre se cumplieron 313 años de la aparición de los barcos, que han llegado a ser tan populares en nuestras romerías. Barcos que iniciaron su singladura con motivo de las celebraciones en honor de Nuestra Señora de Los Remedios, en la ciudad de La Laguna. Las fiestas de Nuestra Señora de Los Remedios en 1699 presentaron como novedad un castillo – situado en la esquina de la calle de la Carrera – y dos navíos movibles en carretas. El espectáculo gustó tanto que al día siguiente los barcos acompañaron a la procesión. A partir de entonces, cuenta el insigne investigador y presbítero Rodríguez Moure, el espectáculo se convirtió en número obligado en las fiestas de Valle Tabares, Las Mercedes, Valle Jiménez, San Benito, Geneto, Valle de Guerra y Tegueste.

Sobre la «cama” de la carreta, privada de estacas, se montaba el barco, de cuyo casco enrejado nacían la arboladura, vergas, jarcias, velas, gallardetes y bandoleras. De la carreta y de los mozos que la “tripulaban” tiraba una pareja de bueyes guiada por el correspondiente “gañán”, acompañado de dos labradores.

La noche de las vísperas, los barcos eran conducidos a la plaza de las fiestas precedidos de una librea o especie de compañía militar cómica que, iluminada con hachones de tea, iba lanzando “rejijides”. Contribuían a aumentar la algarabía los tiros de escopeta disparados por los “tripulantes” del barco y soldados de librea. El espectáculo finalizaba con algunas escaramuzas montadas por los participantes.

Al día siguiente, los barcos acompañaban a la procesión y, terminada ésta, comenzaban las carreras, también descritas por Rodríguez Moure:

Puesto el barco en el lugar conveniente, el mozo que se coloca delante del yugo se descalza y quita la chaqueta para más facilidad de movimientos, pone luego una mano sobre aquél, empuñando con la otra la “ahijada”, y a una voz, rejoneados los bueyes, parten a la carrera, siendo “pies” los triunfos con que se gana este juego.

Actualmente, los barcos se limitan a acompañar al santo festejado, -salvo en El Valle Jiménez y en El Valle Tabares que continúan las carreras y los piques entre los bueyeros-como si de simples carretas se tratase, pero en su origen estuvieron acompañados de un boato que hacía las delicias de los participantes y espectadores. Prueba de ello lo encontramos en la siguiente descripción que de las fiestas de Las Mercedes hace Elizabeth Murray:

En esta ocasión todos los campesinos acuden desde las diferentes partes de la isla. Como en todos los acontecimientos, lucen sus mejores trajes, reservándose los más alegres y vivos colores para los más jóvenes (…).

La “Carreta de los Novios” está compuesta de tres o más carretas grandes, adornadas como barcos veleros, con llamativos y coloreados pañuelos que cuelgan, como banderas, de sus mástiles. Cada “Carreta” es llevada por una tripulación de media docena de marinos representados por la clase rural de la vecindad. Cada uno usa un sombrero adornado con vistosas cintas, pareciéndose más a un bandolero que a un marino. Uno o dos llevan un fusil sobre sus hombros. La yunta de bueyes a la que la “Carreta” va unida, si el tiempo lo permite, realiza una corta carrera. En verdad es un espectáculo peligroso, puesto que yo misma he visto a punto de morir cuando los barcos se apresuran hacia la meta.

Estamos hablando de otras épocas, pero aún hoy, las fiestas de nuestros pueblos continúan siendo una manifestación, mezcla de religiosidad y de tradición popular, atrayentes para los viajeros. Así lo expresó Elizabeth Murray en el siglo XIX:

No existe fiesta en ningún otro país que pueda superar a las de esta lejana isla, con esa manifestación de vestidos abigarrados, con modelos casi tan numerosos como sus propietarios.

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